ATENAS.— El que no quiso hablar
después de ninguna de las tres carreras precedentes, quien a
propósito quiso dejar todas sus declaraciones para el final, se
encuentra al fin ante los periodistas con una sonrisa que le llega
de oreja a oreja.
Antes hubo largos momentos de espera,
de incertidumbre. La llegada fue tan cerrada, que hasta los
instrumentos de medición y la foto de llegada requirieron ser
analizados con precisión antes de dar a conocer el bronce que le
devolvió el alma al cuerpo y le destrabó la lengua para la prensa
a este santiaguero nato de 28 años.
—¿Cuál era tu pronóstico
interior?
"Pensaba que podía correr en un
poquito menos de 13.20… un 13 diecipico…, pero siempre quedar
entre los tres primeros, esa era mi meta."
—Entonces, ¿estás satisfecho?
"Evidentemente, logré rebasar
una dura etapa de muchas lastimaduras, cinco en total, en una misma
pierna, en el último año y medio, de modo que no solo estoy
satisfecho sino también muy agradecido de todos los que me han
brindado su apoyo y solidaridad."
—¿Cómo quienes?
"Mi familia, mi esposa Daimaris,
mi entrenador Santiago Antúnez, todos ellos están conmigo ahora en
este grato momento, sin faltar mi hijo de solo tres meses, Anier
junior."
—¿Qué te pareció lo de Allen
Johnson?
"Es una verdadera pena. Es
injusto acabar así después de entrenar tanto cuatro años. Lo que
no quiero para mí no se lo deseo a nadie".