Delirio flamenco

Omar Vázquez

Foto: JOSÉ M. CORREAEl auge del flamenco se veía venir. A un gusto añejo y tradicional por expresiones emparentadas con una de las raíces de nuestra identidad se une, en estos tiempos, el interés renovador por parte de músicos y bailarines jóvenes. De ahí que el publicitado Flamencazo del miércoles en el Centro Cultural Cinematográfico Yara haya nacido bajo el signo del éxito asegurado.

Desde su inicio con Habana Flamenca hasta el final, a cargo de Aceituna sin Hueso y Reynier Mariño y su grupo, más de doce horas de concierto despertaron un entusiasmo efervescente.

Agradable sorpresa fue encontrar en el maratón al conjunto Galaxias Leoc, con Daniel que puso una nota de emotividad con el salero de Melany, una niña bailaora.

La Compañía Sacromonte del Ballet Español de Villa Clara presentó credenciales con Guajira, palo que no es muy explotado por nuestros grupos, no obstante la relación de vecindad con la música cubana. Y si de aportes musicales se trata, habría que destacar a Melissma, porque desde su inicial Dulce niña definió bien el carácter fronterizo de su creación.

Fueron muchas y variadas las contribuciones. Lo más importante pasa por la continuidad del flamenco aplatanado y su raigambre popular.

 

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