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Delirio flamenco
Omar
Vázquez
El
auge del flamenco se veía venir. A un gusto añejo y tradicional
por expresiones emparentadas con una de las raíces de nuestra
identidad se une, en estos tiempos, el interés renovador por parte
de músicos y bailarines jóvenes. De ahí que el publicitado Flamencazo
del miércoles en el Centro Cultural Cinematográfico Yara haya
nacido bajo el signo del éxito asegurado.
Desde su inicio con
Habana Flamenca hasta el final, a cargo de Aceituna sin Hueso y
Reynier Mariño y su grupo, más de doce horas de concierto
despertaron un entusiasmo efervescente.
Agradable sorpresa fue
encontrar en el maratón al conjunto Galaxias Leoc, con Daniel que
puso una nota de emotividad con el salero de Melany, una niña
bailaora.
La Compañía Sacromonte
del Ballet Español de Villa Clara presentó credenciales con Guajira,
palo que no es muy explotado por nuestros grupos, no obstante la
relación de vecindad con la música cubana. Y si de aportes
musicales se trata, habría que destacar a Melissma, porque desde su
inicial Dulce niña definió bien el carácter fronterizo de
su creación.
Fueron muchas y variadas
las contribuciones. Lo más importante pasa por la continuidad del
flamenco aplatanado y su raigambre popular.
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