Dora Lidia Garzón asegura que no
puede morirse sin ver castigados a los culpables de la desaparición
de su hijo, José Angel Fernández, muerto en el brutal crimen de
Barbados, el seis de octubre de 1976.
En la barriada santiaguera Los Olmos,
esta madre de 73 años sigue atentamente el juicio a Luis Posada
Carriles y otros terroristas que planearon atentar contra la vida de
Fidel durante la X Cumbre de Jefes de Estado de Iberoamérica, en
Panamá en el año 2000.
Estos días son muy tristes, pues
aunque han pasado 27 años, ver nuevamente esas imágenes tan
dolorosas me llena de rabia contra esos asesinos que se ensañaron
con vidas jóvenes e inocentes, confiesa Dora Lidia.
Solo alguien que haya recibido un
golpe así sabe cuánto sufrimiento encierran todos estos años,
manifiesta.
Dice tener fe en que ahora la
justicia ajustará las cuentas a Posada Carriles y sus cómplices,
sindicados como terroristas confesos. Es muy fuerte para una madre o
familiar mirar esos rostros en la televisión, acota.
El 11 de agosto de 1976 Dora Lidia
vio por ultima vez a su hijo más pequeño, integrante del equipo
nacional de esgrima, cuando retornó a la capital para continuar la
preparación con vistas a las competencias de octubre en Venezuela.
José Angel Fernández Garzón sería
casi dos meses después una de las 73 víctimas del atentado contra
la nave de Cubana de Aviación en Barbados, crimen que tuvo como
autores intelectuales a Posada Carriles y Orlando Bosch, este
último que se pasea impune en Miami.
Faltaban 35 días al joven deportista
para cumplir 19 años cuando los terroristas a sueldo de la mafia
cubano-americana troncharon su carácter jovial y alegre, su
promisoria carrera, su optimismo.
Así lo recuerda y recordará siempre
su madre, quien no cesa de pedir justicia. (AIN)