El viaje sin regreso del periodismo

FÉLIX LÓPEZ

Se vuelve de una larga misión o de unas vacaciones, pero del periodismo nunca se regresa. Porque este último, además de profesión, es un estado mental que te mantiene atento, alerta, a veces ensimismado, disfrutando de un tema..., o te transporta por la rabia y el dolor. Y es que el periodista, más allá de los estereotipos, está obligado a ser una esponja sensible, alguien que "escanea" la vida con sus ojos y los ajenos. Un telescopio para ver estrellas y encontrar agujas en un pajar.

Vuelvo a mi redacción, la del diario Granma, después de más de ocho meses de una hermosa misión periodística en Venezuela, y deseo que mi primer trabajo, si es que el editor le encuentra espacio, sea un homenaje a los colegas que todos los días salen a escudriñar la noticia en esta Isla, y a los que quedaron allá, en Caracas, y quién sabe si a estas horas en que escribo desandan un empinado cerro o los impresionantes páramos de los Andes.

Lo hago también por Marta Rojas, colega, amiga y profesora, a la que el periodismo cubano le ha dado todos los premios, pero nunca la memoria autosuficiente del elefante o el cuello de la jirafa, que te mira por encima de sus propios ojos. Esa Señora Periodista, entra y sale fugaz de la redacción, pero siempre tiene un consejo a mano, un libro que prestarte, un tema de investigación que sugerirte... Y disfruta el hablar con los jóvenes, porque no cree en fantasmas y sabe que siempre, hasta del más humilde, hay algo nuevo que aprender.

Hablo de Marta, porque es auténtica, pero ella es solo el motivo para fijar en estas líneas la necesidad de una conducta ética: la del profesional que ignora las diferencias generacionales, la del ser humano que busca el bien colectivo, la del encumbrado que pasa inadvertido, y es HUMILDE, una palabra inmensa de la que nos puede colgar un arco iris de virtudes. Una palabra que debería ser motivo de cientos de trabajos periodísticos, y nunca sería suficiente.

Vuelvo a la redacción, pero antes de sentarme otra vez frente a la pantalla en blanco, realizo un rápido paneo a mi alrededor y también miro al mundo. El colega Benjamín Forcano me escribe desde lejos: "Quien siembra vientos, cosecha tormentas. Me duele Madrid, y me duele quien abandera políticas de robo, destrucción y muerte".

El trágico 11 de marzo en la capital de España, sin duda, nos acompañará en la memoria para toda la vida, aunque en menos de una semana la gran prensa norteamericana y del mundo eclipsó el triste desenlace, y llevó a un segundo plano el tema del terrorismo; las muertes en Iraq; el secuestro del presidente Jean-Bertrand Aristide; y la guerra sucia de la oligarquía contra Chávez; mientras que la noticia del ingreso de Whitney Houston, la diva del pop, en una clínica de rehabilitación antidrogas, encabeza los titulares, como si el canto fuera lo único en peligro de extinción.

Antes de escribir, guardo para mí la moraleja: que no se nos peguen (ni de asomo) la frivolidad y la tontería. Porque se vuelve de un país lejano, de una misión, de unas vacaciones, de una historia, de una celebración..., pero del periodismo jamás se regresa. Ese, lo dice la vida, solo es auténtico si lo hacemos a toda hora, en cualquier circunstancia y en todas partes.

 

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