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EL JUICIO EN
PANAMÁ
Piden ejemplar
sentencia para los terroristas
POR JEAN-GUY ALLARD
Enviado especial de Granma Internacional
CIUDAD DE PANAMÁ.—
Ante toda una audiencia ávida de conocer por fin con qué
revelación o argumentación imprevista iba a tratar de
desestabilizar la prueba presentada por el Ministerio Público
contra el terrorista internacional Luis Posada Carriles, el abogado
defensor Rogelio Cruz ofreció ayer un alegato que sorprendió por
su debilidad al conjunto de los periodistas presentes al final del
juicio.
Durante toda la hora que
le estaba asignada para replicar al Fiscal Arquímedes Sáez y a los
abogados querellantes, Cruz ofreció el espectáculo de una
presentación improvisada, entrecortada por una tos persistente, que
provocó a Guillermo Novo Sampoll, cliente suyo y cómplice de
Posada, un sueño aparentemente irresistible.
—Ando un poquito mal,
Señor Juez, —se excusó el abogado, bien conocido por sus lazos
con los carteles colombianos más que por su escaso talento
oratorio.
En vez de atacar al
expediente de la Fiscalía y tratar de debilitar el conjunto de
evidencias reunidas contra sus clientes en tres años de
investigaciones, Cruz se consagró a pretender que el propio juicio
carece de validez. El abogado pagado por la mafia terrorista de
Miami, citó con una cierta confusión, frente a un juez
imperturbable, varios fragmentos de textos de ley y de decisiones
judiciales cuyas copias el magistrado se negó a acoger, por
disponer de un acceso directo a las versiones originales a través
de la red Intranet del propio sistema judicial.
La única referencia a
las pruebas testificante hecha por Cruz se basóe sobre el
testimonio de un cierto Chanito Solis quien atendió al chofer José
Hurtado cuando este llevó el Misubishi rojo con el maletín
conteniendo los explosivos al garaje para fregarlo.
Según Cruz, Solis
afirmó entonces no haber visto el maletín de explosivos, prueba
del horrible atentado que irían a cometer, contradiciendo a Hurtado
quien decía tenerlo entonces en su poder. Para el defensor, este
testimonio del fregador de carros es suficiente para demostrar que
Hurtado miente y que la prueba del Ministerio Público no es
creíble.
"La única persona
que sitúa los explosivos en el carro (de Posada) es Hurtado",
sostuvo el letrado.
De repente, en el medio
de una frase, Cruz solicitó ver el maletín. El juez le recordó
entonces que se había acordado ante los procedimientos, de común
acuerdo, que las evidencias, entre las cuales había varios kilos de
explosivos militares, no serían traídos al Tribunal Marítimo por
toda una serie de razones prácticas.
Periodistas testigos de
la escena comentaron luego, fuera de la sala de audiencia, que el
caso más conocido que defendió Cruz en los últimos años es el
del capo colombiano de la droga José Castrillón Henao, quien
terminó deportado a los Estados Unidos donde sigue encarcelado.
Cruz había sido
precedido por el abogado querellante Silvio Guerra, quien se
interrogó sobre ciertos métodos del defensor de los terroristas:
"No puedo entender la defensa de quien, habiendo pedido peritos
químicos en el juicio, los desestimó luego".
Puso fuertemente en duda
la "inocencia" del imputado José Hurtado, el chofer
designado por César Matamoros para manejar el vehículo de Posada:
"No puede Hurtado pretender que no sabía de la
confabulación", indicó, refiriéndose a las declaraciones del
acusado, quien dijo haber acompañado a Posada sin tener idea del
propósito criminal de su estancia en Panamá.
LA DOBLE INTENCIÓN
DE LOS TERRORISTAS
"¡Hoy estamos
juzgando lo que el mundo no quiere! Algo que le costó la cabeza a
Aznar en España y que a muchos inocentes les costó la vida. Se
juzga la jurisdicción y la soberanía del Estado panameño",
pidió más tarde el abogado Silvio Guerra, al reclamar "la
más ejemplar sentencia que espera el mundo civilizado".
Recordó además los
"200 metros de destrucción total por la onda expansiva"
que hubiese provocado el atentado proyectado por Posada y sus
sicarios.
En horas de la tarde, el
abogado Julio Berríos comentó sobre las amenazas que profirió en
su contra el lunes el chofer Hurtado, al salir de la audiencia
(está libre bajo fianza), en el parqueo del edificio del tribunal.
"Me dijo airado,
que tenía gente que lo seguían en este país. ¡Mil
personas!", contó. "Confesó algo que los retrata como lo
que son: delincuentes internacionales", comentó.
En su alegato ante el
tribunal, Berríos subrayó cómo la intención real de los
terroristas, al preparar el atentado, era doble: "Acabar con la
dirección cubana y eliminar la izquierda de Panamá".
"Panamá hubiera
llorado no cientos de muertos como en España sino las miles de
víctimas que habría provocado esa enorme cantidad de
explosivos".
Acusó como culpables de
la siniestra conspiración "no sólo a los seis que hay aquí,
sino también a los que están en Miami, El Salvador y en otras
partes y les prestaron apoyo".
Esa ronda de alegatos
puso fin, al terminar la tarde de ayer a este juicio. El juez Hoo
Justiniani tiene ahora treinta días para anunciar su veredicto y,
en caso de que sea reconocida la culpabilidad de los imputados,
dictar sentencias.
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