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Cuba no se rendirá,
ni aceptará presiones ni caerá en ingenuidades
DISCURSO DEL MINISTRO
DE RELACIONES EXTERIORES, FELIPE PÉREZ ROQUE, EN EL SEGMENTO DE
ALTO NIVEL DE LA 60 SESIÓN DE LA COMISIÓN DE DERECHOS HUMANOS,
GINEBRA, 17 DE MARZO DEL 2004.
Señor Presidente:
Hace ya 17 años que
Cuba batalla en la Comisión de Derechos Humanos contra los cínicos
intentos del Gobierno de Estados Unidos de condenarla.
A principios de los
años 80, la ultraderecha, que se aprestaba a tomar el poder con
Ronald Reagan al frente, criticaba al Presidente Carter en el famoso
Documento de Santa Fé en estos términos: "Curiosamente —decían—
la Administración actual no ha intentado seriamente aplicar su
doctrina de derechos humanos contra la Cuba de Castro...". De ahí
nació la idea —aplicada con rigor hasta hoy— de buscar la
condena de Cuba en Ginebra para justificar los 45 años de bloqueo y
agresiones que Estados Unidos ha impuesto contra el pueblo cubano.
Así, en 1987 Estados
Unidos presentó a esta Comisión un proyecto de resolución que fue
derrotado.
En 1988 y 1989, tampoco
pudo imponer a la Comisión la condena de Cuba. No vivíamos
todavía en un mundo unipolar, regido por los intereses y caprichos
de una superpotencia cuyo Presidente —no electo, por cierto, sino
designado por la mayoría republicana en la Corte Suprema— se ha
permitido poner al resto del mundo ante el dilema de: se está con
Estados Unidos o con el terrorismo.
Fue solo en 1990, en
medio de la debacle de lo que había sido el campo socialista —cuando
se proclamó el fin de la Historia y los enemigos de la Revolución
Cubana celebraban anticipadamente lo que creían sería la caída
inevitable de la Cuba Socialista—, que Estados Unidos pudo, con la
ayuda de nuevos gobiernos cipayos, imponer por primera vez una
resolución contra Cuba en esta Comisión.
Fueron años duros, pero
el pueblo cubano, con Fidel al frente, no se rindió, no dejó de
luchar por Cuba y por todos los que en el mundo defienden la
justicia y la libertad, por todos los que creen que un mundo mejor
es posible. La digna resistencia cubana frente a la infamia y la
mentira fue ganando reconocimiento y apoyo entre los miembros de la
Comisión, hasta que en 1998 fue derrotado inobjetablemente el
intento de condenar a nuestro país.
Estados Unidos, ofendido
y humillado, trató en 1999 de disfrazar su montaje anticubano.
Ordenó entonces al Gobierno de la República Checa, ¿quién si no
tan despreciable lacayo?, que fuera el presentador oficial del texto
norteamericano, mientras que la superpotencia, mediante enormes
presiones, amenazas y chantajes conseguía la diferencia mínima en
votos para una ridícula condena de Cuba. En medio de la burla y el
descrédito, la farsa duró hasta el año 2001.
Pero en el 2002 ya el
Gobierno checo se negaba a seguir el repugnante papel de alabardero
de Washington. Los pueblos en América Latina, por su parte,
reclamaban a sus gobiernos no sumarse a la condena de Cuba, no
convertirse en cómplices de la agresión y el bloqueo contra el
pequeño país frente al poderoso y rapaz agresor. Para colmo, el
Gobierno de Bush, tan desvergonzadamente hipócrita y cínico,
había sido excluido de la Comisión de Derechos Humanos. Tras
intensas y desesperadas gestiones de Estados Unidos, que Cuba conoce
muy bien en todos sus detalles, tocó el turno a los gobiernos de
Uruguay y Perú que, en contra de la voluntad de sus pueblos,
jugaron entonces ese ignominioso papel.
Todos recordamos cómo
el pasado año, el Embajador de Estados Unidos proclamó: "Estoy de
acuerdo con cualquier cosa que signifique la condena de Cuba". Pocas
veces se divirtió tanto esta Comisión frente al ridículo y la
impostura de la superpotencia que, si hubiera un mínimo de justicia
y credibilidad en este foro, sería el acusado por sus crímenes y
la arrogante violación del derecho de los demás.
Esa ha sido la historia.
¿Y qué pasará este año? ¿Renunciará el Gobierno de Estados
Unidos a fabricar la condena de Cuba? Imposible. La necesita para
justificar su criminal bloqueo y sus planes de agresión militar.
¿Se enfrentará por fin
la Unión Europea al intento norteamericano de condenar a Cuba? No,
no lo creo. Y todos sabemos por qué. Unos dirán que por antigua
sabiduría. Otros sabemos que es por hipocresía y doble moral.
¿Presentará entonces una resolución condenando la violación de
los derechos humanos, incluso de ciudadanos europeos, en el campo de
concentración que Estados Unidos construyó en el territorio que
ocupa ilegalmente su base naval en Guantánamo? No, tampoco lo creo.
¿Acaso denunciará las graves violaciones de derechos humanos que
se cometen contra los cinco prisioneros políticos cubanos
condenados a varias cadenas perpetuas en cárceles norteamericanas y
la imposibilidad del contacto con sus familiares? No, no lo hará.
El que no tenga valor para enfrentarse al hegemonismo unilateral de
la superpotencia, debería por lo menos callar y no ser cómplice de
la agresión contra Cuba. Debería defender el derecho del pequeño
país agredido en vez de secundar el odio irracional del agresor.
¿Quién será el nuevo
peón al servicio del amo imperial? Se dice que Costa Rica. ¿Por
compromiso con la causa de los derechos humanos? No. Recordemos que
no vota contra las espantosas violaciones de los derechos humanos y
los crímenes que comete Israel contra el pueblo palestino.
Recordemos que Costa Rica trasladó su Embajada hacia Jerusalén.
¿Presentaría Costa Rica una resolución condenando la pena de
muerte a menores de edad, mujeres y enfermos mentales en los Estados
Unidos? No, no lo hará.
Así que a mediados de
abril otra vez esta Comisión será puesta ante el dilema de
condenar a Cuba o defender el derecho a la independencia, la libre
determinación y el desarrollo de un pueblo noble y generoso que no
ha faltado nunca cuando ha habido que luchar por una causa justa en
el mundo; un pueblo que combatió contra el apartheid; un pueblo que
apoyó siempre a quienes lucharon contra las sangrientas dictaduras
militares que Estados Unidos tuteló en América Latina; un pueblo
que ha graduado en sus escuelas de nivel medio y superior a más de
41 mil jóvenes de 123 países; un pueblo que tiene hoy más de 15
mil médicos trabajando en 65 naciones del Tercer Mundo.
Señor Presidente:
Cuba rechaza la idea de
que esta es solo una "resolución procesal". ¡Mentira! Todo el
mundo sabe que Estados Unidos la proclamará como la condena de
Cuba. Todos sabemos que permite mantener el llamado "Tema Cuba" en
la agenda.
Rechazo también la
acusación de que Cuba no ha cooperado con la Comisión. Cuba
recibió en 1988 una delegación de la Comisión de Derechos
Humanos; en 1994 al Alto Comisionado para los Derechos Humanos, que
todavía no ha podido ir a Estados Unidos; en 1995 a una delegación
de organizaciones no gubernamentales de derechos humanos organizada
por Danielle Mitterrand; y en 1999 a dos relatores de esta
Comisión.
¿Por qué hay que pedir
mediante resolución a Cuba que acepte un Representante Personal del
Alto Comisionado si no se nombra un representante para investigar
los crímenes y las violaciones de derechos humanos cometidos por
las fuerzas agresoras norteamericanas en Iraq?
Cuba no acepta que se le
acuse en esta Comisión de manera arbitraria, politizada y
discriminatoria. Tampoco acepta que en esta Comisión los acusados
sean siempre países del Tercer Mundo.
Cuba no acepta, por
tanto, la solicitud de recibir un representante del Alto
Comisionado. No es nada personal contra la funcionaria designada. Es
contra el mandato espurio que le dio origen.
Rechazamos también el
informe politizado y parcial que la Representante Personal del Alto
Comisionado distribuyó. Ha terminado actuando como instrumento al
servicio del Gobierno de Estados Unidos.
Cuba reivindica el
derecho a aplicar sus leyes para defenderse de la agresión. Cuba
reivindica su derecho a enjuiciar a los mercenarios que colaboran
con el bloqueo y la política agresiva de la superpotencia que
quiere reconquistar y subyugar a su pueblo.
Cuba no se rendirá,
Excelencias, ni aceptará presiones ni caerá en ingenuidades.
¡Condénese al agresor
y no al agredido! ¡Cese el bloqueo, la mentira y la agresión
contra Cuba!
Muchas gracias.
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