Medio mundo baila con Adalberto

Pedro de la Hoz

Adalberto Álvarez sigue venciendo la prueba del tiempo. Clásico del son cubano, su obra suena como hecha para el día. De ello dieron fe los bailadores que colmaron los espacios de los clubes Soda y Le Lion d'Or, habilitados por el VIII Festival Iberolatinoamericano de Montreal hace apenas una semana, para que los amantes al baile se dieran cita.

El compositor y director de orquesta viajó para promover Para bailar casino, del sello Bis Music, un fonograma que a lo largo de un año ha conquistado los más disímiles auditorios. Y en el segundo concierto le sirvió la mesa a una artista que en solitario está causando furor: Haila María Mompié.

De vuelta a La Habana, le pregunto si esperaba esa reacción multitudinaria ante su propuesta.

Es interesante el comportamiento de otros públicos cuando tienen ante sí una música de baile que apunta a la relación de pareja. Cualquiera que no haya estado allí pensaría que el entusiasmo parte de los latinos. Y no fue así. Hubo mayoría de público anglo, y, te lo juro, echaron un pie con la orquesta.

Resulta curioso, le digo, que esto pase en un sector donde lo que más se ha promovido ha sido la tradición al estilo Buenavista Social Club.

No lo creas, hay mucha gente enterada de lo que se hace en Cuba en la actualidad y saben que el sonido ha ido evolucionando. En mi caso tal vez la empatía se establece porque he tratado de mantener intactas las raíces soneras, aunque con una envoltura actual. Y porque no propongo una música sofocante, sino más bien un diálogo con los bailadores.

¿Y la gente baila?

Cómo no. El baile de casino se está internacionalizando a pasos agigantados. En Quebec hay excelentes ruedas de casino. Ya las verán en Cuba.

¿Cómo define Adalberto su perfil en este momento?

Tengo una orquesta que entiende muy bien mis ideas musicales. No porque sea de la familia, pero mi hija Dorgelys le aporta al teclado. Y he conseguido equilibrar tres líneas de canto que aseguran la diversidad del repertorio.

¿QUÉ DICE HAILA?

Hacerme acompañar por Adalberto da una seguridad tremenda. En este momento de mi carrera estoy probando muchas cosas y este festival en Canadá me permitió reafirmarlas. El día a día, durante varios meses en Japón el año pasado, pienso que consolidó mi oficio. Ahora sé, como nunca antes, que no quiero ni me parezco a nadie. Si en el 2004 me salen las cosas como en el 2003, estoy convencida de que me irá como nunca antes.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Deportes | Cultura |
| Cartas | Comentarios | Ciencia y Tecnología | Lapizcopio| Temas |

SubirSubir