Agosto de 1957

Explosión en Guantánamo

ARNOL RODRÍGUEZ

"¡Ñico está loco! Ya yo estoy viejo y la Revolución es muy joven para mí." Esa es la respuesta momentánea de Gustavo Praga al recado que le envía su antiguo compañero de lucha y dirigente obrero del Movimiento 26 de Julio, el incansable Ñico Torres.

Esta conversación sucedió en Guantánamo a fines de 1955, cuando al influjo del ímpetu y la tenacidad de Frank País todo Oriente se moviliza para la lucha armada. Ya Fidel había salido de Cuba y preparaba las condiciones en el exterior para el regreso definitivo, a librar la batalla necesaria por la libertad y la soberanía nacional.

De pronto Fraga, después de reflexionar un instante dice: "Oye, le ronca que uno como yo que ha luchado siempre contra el tirano Batista, lo inviten ahora y no haga algo. ¡Qué va, `compay', dile a Ñico que me vea mañana mismo!".

La hoja de servicio de Fraga durante sus 53 años —había nacido el 12 de enero de 1902—, confirmaba su condición de permanente luchador social, su estirpe de patriota oriundo de Matanzas, que había llegado al central Los Caños (hoy Paraguay) en tierras del Guaso, aún muy joven en busca de trabajo.

Participa en la lucha sindical y ocupa la secretaría de organización del sindicato regional Guantánamo-Yateras del sector azucarero. Recorre y organiza las provincias de Oriente y Camagüey. Lucha tesoneramente contra la tiranía de Machado y más tarde se enfrenta a Batista, hasta ocupar la jefatura de acción de Joven Cuba en la seccional de Guantánamo.

En febrero de 1935, al frente de un comando de Joven Cuba, asalta la Aduana de Guantánamo. A partir de entonces y durante varios años deambula clandestinamente, alejado de su familia, acosado por las necesidades más elementales y por la muerte.

Después del asesinato de Guiteras y afianzado Batista como "hombre fuerte", se declara una amnistía que libera a muchos revolucionarios y propicia que Fraga regrese a la ciudad de Guantánamo.

Allí se une a la vanguardia guantanamera que demanda alcantarillado, pavimentación, ampliación de la red hidráulica y edificio para el Instituto de Segunda Enseñanza. Participa en la organización del Comité de obreros desocupados de Guantánamo y Yateras que abogan por todas esas conquistas.

El Gobierno se ve obligado a iniciar las obras que se piden y son cientos los puestos de trabajo que se abren, menos para Fraga, al que se le niega ese derecho, acusado de "agitador profesional", "terrorista" y "vago", condenándolo a muerte junto a su familia.

Cambia su nombre y comienza a llamarse Modesto, logra que le den empleo en la base naval americana. Allí interviene en la fundación del Sindicato de Obreros y Empleados de la base naval, que conquista algunas mejoras económicas y sociales para los trabajadores. Se enfrenta a las organizaciones sindicales vendidas a la patronal reaccionaria e imperialista.

Desde el primer momento que Fraga conversa con Ñico Torres, desarrolla una febril actividad para el enfrentamiento frontal al tirano Batista, la cual alcanza su máximo nivel con el asesinato de Frank País.

Como reacción a ese crimen, en Guantánamo, al igual que en Santiago de Cuba, se declara la huelga general. Para esa fecha la ciudad del Guaso, que en términos de patriotismo es una extensión de la heroica Santiago, vivía momentos de verdadera efervescencia revolucionaria.

En una de sus viviendas, situada en la calle Aguilera No. 251, en el sótano, un grupo de jóvenes revolucionarios, al mando del "viejo" Gustavo Fraga, confecciona explosivos. En la tarde del 4 de agosto de 1957, a las 2:15 p.m. se produce una explosión terrible, que de inmediato le arranca la vida a Fraga y al joven Fabio Rosell del Río. Enrique Rodríguez, de 30 años y residente de la casa, quedó mal herido y fue ultimado brutalmente por los esbirros al poco rato.

También los jóvenes Abelardo Cuza Navarro y Jesús Martín Leiva, que concurrieron hasta el lugar de la explosión con el propósito de prestar ayuda a sus compañeros, cuando estaban removiendo los escombros, fueron detenidos por las fuerzas represivas y, asesinados poco después.

En el colmo de su barbarie la tiranía negó a familiares y amigos el derecho elemental a inhumar los cadáveres, los que permanecieron insepultos en el cementerio municipal hasta el día siguiente en horas de la tarde.

Guantánamo, consciente de sus valores patrióticos y fiel a sus tradiciones históricas, rinde homenaje y recuerda eternamente a sus cinco mártires de Agosto de 1957.

 

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