Adiós a Noel Navarro

Luis Suardíaz

Foto: FELICIA HONDALEl pasado martes 12 de agosto, un infarto cardiaco puso fin a la vida del intelectual cubano Noel Navarro. Había nacido en Manacas el 30 de diciembre de 1931 y residió en más de veinte pueblos y ciudades de nuestro archipiélago, pues su familia se mudó con frecuencia durante la república mediatizada en busca de mejoras económicas y con el triunfo de la Revolución cumplió diversas tareas en puntos diversos, incluyendo la Isla de la Juventud donde laboró por tres años. Pero su faena literaria comenzó en Camagüey en la década del cincuenta donde se vinculó también al Movimiento 26 de Julio y terminó la guerra de liberación en campamentos rebeldes del llano agramontino. Para entonces, ya había publicado en la revista Carteles hacia 1955 su cuento El hombre y el perro y otras narraciones y crónicas en diarios y revistas locales y en sus archivos se amontonaban varias novelas inéditas.

En 1960 fue uno de los organizadores del primer encuentro de intelectuales en apoyo a la Revolución que se efectuó en Camagüey. También en 1961 participó en el Primer Congreso de Escritores y Artistas y en la constitución de la UNEAC y Ediciones R premió su novela Los días de nuestra angustia sobre nuestro proceso insurreccional. Establecido ya en La Habana, prosiguió laborando en órganos de prensa, sin abandonar su labor literaria, lo que le posibilitó alcanzar el premio de Ediciones Granma, en 1967, con su novela Los caminos de la noche. Ese mismo año recibió mención con una breve y singular novela en el concurso Cirilo Villaverde de la UNEAC, nombrada El plano inclinado, cuyo galardón le fue conferido en la convocatoria de 1970 por Zona de silencio. Dos años después mereció el Casa de las Américas con su mejor conjunto de cuentos, La huella del pulgar. Cuando, en enero de 1991, lo entrevisté para Granma con motivo del premio de narrativa Dolores Medio, de Asturias, por El asedio —cuya edición cubana auspició Letras Cubanas en 1997— había publicado ya una docena de novelas, dos tomos de cuentos, decenas de ensayos, estudios y prólogos. También centenares de artículos, crónicas y reseñas, varios de los cuales aparecieron en nuestro periódico. Entre sus inéditos había al menos un poemario y en la década del setenta escribió para el MINAZ ocho volúmenes sobre el complejo proceso azucarero cubano que nunca se publicaron, pero esa faena le permitió escribir su laureado testimonio Vida de Marcial Ponce.

Algunas de sus obras se dieron a conocer en Europa oriental, Japón, China y los países árabes, la reconocida intelectual canadiense Margaret Atwood tradujo al inglés y publicó una selección de los cuentos de Noel. Y una de sus novelas breves, y la más lograda a mi juicio, El sol del mediodía, le valió el importante Premio Andalucía en 1992, pero inexplicablemente, once años después no ha sido publicada en Cuba. Otras dos obras terminadas a fines de los ochenta, La tierra prometida, una versión cubana del Fausto y El Mambí, elogiada por el laureado editor Imeldo Álvarez, tampoco han visto la luz.

Si el Noel Navarro periodista, fundador de la UPEC, fue entre otras funciones, subdirector y director de Revolución y Cultura, el escritor se desempeñó como vicepresidente de literatura de la UNEAC de 1977 a 1988. Ya jubilado, continuó entregándose al arte de escribir, asistido de su talento y su experiencia, comprometido siempre con el ser humano y su historia y con la justicia social.

 

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