17 años con un trasplante cardíaco

El placer de vivir

PASTOR BATISTA VALDÉS

LAS TUNAS.— Hace 17 años, por estos mismos días, Margarita Guillén era todavía lo que la gente suele llamar "un manojo de nervios". No había transcurrido entonces ni un mes desde que en el hospital Hermanos Ameijeiras, de la capital cubana, un prestigioso equipo de especialistas, encabezado por el doctor Noel González, le habían realizado un trasplante de corazón a su pequeño hijo Héctor Despaigne Guillén, de 15 años de edad.

Foto: NORGE SANTIESTEBAN VIDAL"Un trasplantado debe confiar 
sobre todo en sí mismo y también 
en la capacidad de nuestros médicos 
y especialistas."

Severamente afectado por una cardiopatía valvular, el vital órgano de aquel niño había experimentado en los últimos tiempos un crecimiento y un peso tan exagerados, que convertían en verdadera agonía su existencia.

Quien lo vea, como yo ahora, disfrutando el hilillo de brisa que le ofrece la tarde en el portal de su casa, difícilmente imagine que este fornido joven, con alrededor de 200 libras de peso y un magnífico estado físico y espiritual, es aquel enjuto y enfermizo adolescente.

Hoy, con más años vividos ya con el "injerto cardiaco" (17) que los transcurridos antes de la compleja intervención (15), el paciente que más tiempo lleva con ese tipo de trasplante en América Latina expresa:

"Sin dejar de cumplir en lo fundamental lo que mis médicos me indican, sigo llevando una vida totalmente normal: todos los días monto bicicleta por la ciudad, visito a mis amigos, juego dominó, me divierto en una fiesta, voy a ver un buen juego de pelota o me pongo a practicar deportes.

"Por cierto, cuando vivía en el reparto de Buena Vista jugaba con más frecuencia pelota o baloncesto con mis amigos de barrio, ahora paso algún tiempo sin hacerlo; tal vez por eso y por la tranquilidad de este lugar, he aumentado un poco de peso y no debo descuidarme. La doctora que me atiende, Elba Garzón, insiste mucho en eso.

Muchas veces te he oído hablar de ella y siento que lo haces con respeto, pero también con evidente cariño ¿por qué?

"Me siento agradecido de muchas personas. Una de ellas es el doctor Noel González. Ya está jubilado. Hoy es profesor consultante. Cuando voy a los turnos trato de verlo. Es un encuentro bonito, de padre a hijo. Hay otra doctora a quien también admiro y quiero mucho, se llama Lourdes Delgado y fue quien me atendió mientras Elba estaba fuera de Cuba y todavía lo siguen haciendo juntas. Pero a Elba Garzón la adoro, su preocupación por mí ha sido siempre como la de una madre. Desde Argelia no dejaba de preguntar por mí y de darme orientaciones por medio del correo electrónico."

No por casualidad Héctor inscribió a su hija como Elba Daniela: Elba por el cariño que siente hacia la doctora, y Daniela porque así se llama la mamá de la niña.

Tal sensibilidad no es solo válida para quienes en el orden médico o familiar han contribuido a que hoy él siga disfrutando la vida. Con igual gratitud Héctor aprecia el gesto de la vecina que en los momentos más difíciles solía aparecer con un pedazo de carne blanca (pollo, pescado...) vital para la rigurosa dieta del joven, el saludo de un amigo, la sinceridad de quienes se interesan por saber en qué pueden ayudarle, aun cuando él responde modestamente con una sonrisa y la habitual frase: "Deja eso, por ahora todo va bien".

Asimismo, agradece que el Estado cubano le ofrezca permanentemente un salario de 200 pesos, y que motivado por su inquieto temperamento y por las mismas inclinaciones, gustos, añoranzas, derechos y necesidades de cualquier cubano, le hayan permitido incorporarse a diversas actividades, cursos de superación y labores socialmente útiles. En estos momentos aguarda por la posibilidad de integrarse a un curso en el sector del comercio.

Eres el decano de los trasplantados por la ciencia médica cubana ¿qué le aconsejarías a quienes te siguen y a las personas que un día puedan ser sometidas a igual intervención?

"Ante todo que confíen en sí mismos, en su fuerza, en su equilibrio psicológico interno y en su capacidad de autocontrol. La depresión, el miedo o la indecisión son muy malas para un trasplantado de corazón. Hay que tener seguridad en sí mismo, mucha voluntad para seguir el tratamiento o para enfrentar pruebas como la coronografía. Y hay que tener confianza en la capacidad de nuestros médicos y especialistas.

"También es importante no guiarse porque fulano hace esto y aquel hace lo otro. Yo me guío por lo que considero que me ayuda y por lo que me indican los médicos. Eso no quiere decir que no admire o no respete lo que hacen mis compañeros trasplantados. Maximiliano Velázquez (Malanga) cumplirá en noviembre también 17 años de operado y de él me llama la atención su manera de ver y de disfrutar la vida; Oscar Azúa es uno de los pacientes más pausados y metódicos que he visto... Yo, en cambio soy más explosivo..."

¿Y de quién o de dónde tomarías algo no menos determinante: la disciplina?

Despaigne hace silencio por apenas unos segundos, sonríe y finalmente expresa: "... de quien en verdad quiere vivir."

 

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