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05/11/2002
Portada de hoy

Una solución social y ecológica

Adiós a las nubes negras

HAYDÉE LEÓN MOYA

GUANTÁNAMO.— En espera de una acción estatal, los habitantes de la comunidad periurbana de Isleta, al Sur de la ciudad, no pensaron nunca en la posibilidad de poner fin ellos mismos a la pesadilla que sin duda constituía para todos vivir en las inmediaciones de uno de los vertederos de la capital provincial.

Foto: ALBERTO BORREGO ÁVILAEl entusiasmo de Irania
Martínez arrastró a los vecinos.

La práctica de arrastrar la basura con buldózer y luego prenderle candela creaba más problemas de los que solucionaba, y el lamento de vivir entre las nubes negras que el fuego cernía sobre Isleta, un buen día se trocó en acción de un grupo de pobladores que se dejó arrastrar por el entusiasmo de Irania Martínez García, una joven extensionista de la rama de la agricultura urbana, quien guantes y pala en manos inició la búsqueda de la solución en la propia comunidad.

Al filo de las seis de una reciente y calurosa tarde de este noviembre me sorprende encontrar en plena faena a una veintena de hombres y mujeres jóvenes muy alegres moviendo de un lugar a otro un enorme cantero de material descompuesto. Le nombran compost y es un importante nutriente del suelo que de allí sale en toneladas de tierra orgánica lista para enriquecer los miles de hectáreas que hoy en la ciudad pertenecen a esa modalidad de producción intensiva de vegetales y hortalizas llamada agricultura urbana.

Nada menos parecido a un vertedero que aquel sitio sembrado por los cuatro costados de plantas medicinales y posturas de frutales, fundamentalmente. Todo en orden, y carente de olores desagradables, y el agua limpia y corriente riega las plantas como en el mejor de los huertos. Las cercas, los carteles identificativos, las bolsas de nailon donde crecen las posturas, el banco de semillas que poseen, la bien improvisada oficina que controla y atesora la documentación... salieron de entre los propios desechos llegados a este vertedero, que en poco menos de un año dejó de ser un proyecto y se convirtió en el primer centro de procesamiento de residuos urbanos del país, y por sus resultados es de Referencia Nacional.

"Y todo comenzó como cosa de `locos', sin jefe, sin plantilla, sin nada, solo con la voluntad de un grupito —explica Irania, la promotora de lo que hoy es un materializado proyecto de manejo sostenible de un área antes reservorio de vectores, malos olores y elementos contaminantes del medio ambiente. Eran montañas de desechos de toda clase. Iniciamos la clasificación ordenada de la basura y otros residuos urbanos. Sin darnos cuenta, al poco tiempo teníamos cerca de 94 000 toneladas de material que mediante el empleo de las técnicas de obtención de compost convertimos en biotierra, y se comenzó a distribuir a las áreas de la agricultura urbana, con muy buenos resultados, pues luego de un análisis del suelo reportó altos niveles de materia orgánica, nitrógeno, fósforo y potasio."

La gente comenzó a darse cuenta del cambio, y no faltaron quienes tildaron de locos a los primeros vecinos que junto a Irania se empeñaron durante siete meses sin percibir salario alguno en una labor que incluyó en la primera etapa la clasificación de más de 450 toneladas de desechos no degradables que llegaban al vertedero a diario, como envases de nailon, plásticos, hierro, aluminio y otros, los cuales se recuperaban y mediante los CDR del área se hacían llegar a la empresa de materias primas.

"Por ser un vertedero —asegura Irania— no tiene que imperar en él el desorden, esa era la máxima de los vecinos que me siguieron y de los 30 trabajadores que actualmente constituyen la plantilla del centro, todos jóvenes vecinos de este barrio."

Así, suman a la obtención de abono orgánico, con entregas que sobrepasan las 20 toneladas mensuales, la de humus de lombriz, la recopilación de semillas de frutales escasos, mediante un comité de recolectores integrado por trabajadores del centro y también por amas de casa, niños y jubilados de la comunidad que realizan esa labor voluntariamente; la producción de plantas medicinales que se destinan principalmente a una clínica estomatológica y a un sanatorio, ambos ubicados en la barriada. De igual forma, fomentan la crianza de aves, conejos y cerdos para el autoabastecimiento.

Ya desapareció de Isleta el desordenado y pútrido basural, y con él se esfumaron las nubes negras de la contaminación; queda allí y se fortalece un ejemplo palpable de lo que puede lograrse en una barriada cuando el empuje y la buena voluntad de quienes se animan primero contagian y arrastran a muchos en la solución de un problema que afecta por igual a todos, y cuya erradicación es de beneficio para la comunidad.

05/11/2002

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