![]() |
|
Orquesta Sinfónica de la MDR Paso a la excelencia PEDRO DE LA HOZ
El concierto de la despedida, este último domingo en el teatro Amadeo Roldán, impactó de manera particular al público que repletó la sala, entre quienes se hallaban los ministros cubanos de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque; y de Cultura, Abel Prieto, el miembro del Buró Político, José Ramón Balaguer; el presidente del ICRT, Ernesto López; una delegación del estado alemán de Hessen, y el embajador Bernd Wuffen. Estuvimos ante un organismo sinfónico que se mueve a sus anchas en las aguas clásicas y románticas, bajo la conducción de su titular, el maestro genovés Fabio Luisi. Este último es, sin lugar a duda, una de las personalidades más interesantes entre los directores que en los últimos diez años han gravitado en el ámbito germánico. Antes de acceder en 1999 a la titularidad de la MDR, cargo que alterna con la Orchestre de la Suisse Romande, Luisi tenía una bien ganada fama de apasionado y minucioso en la plaza austríaca de Graz. Reconocido como hombre clave en la conducción y grabación de nuevas versiones de óperas de Verdi y Puccini, Luisi desplegó en La Habana sus acendradas convicciones musicales en lo que concierne a la relación entre un director-intérprete como lo es él y una orquesta-instrumento, como lo viene siendo bajo sus órdenes la Sinfónica de la MDR. Luisi comparte con el público su gusto por una nítida exposición de los colores orquestales, por hacer transparentes los cambios de dinámica, y en el caso de los compositores románticos, por hacer visible el espíritu de exaltación que permeó esa estética, eso sí, sin desbordamientos ni especulaciones. Esa manera de entender la música afloró desde que la orquesta abrió su concierto final con la Obertura en Do Mayor de la ópera Leonora, de Beethoven, y alcanzó plena madurez en la ejecución de la Octava sinfonía, del propio compositor, obra tan importante y hermosa, aunque no con tanta fama, como la Séptima, y sin embargo ignorada a escala masiva. Su interpretación por la Sinfónica de la MDR hizo memorables sus temas y motivos. Mas la verdadera sorpresa de la velada fue aportada por el Cuarteto de Cornos de Leipzig en calidad de solista al afrontar esa nada común joya escrita por Robert Schumann en 1850, la Pieza de concierto en Fa Mayor op. 86, para cuatro cornos y orquesta. Parece providencial el hecho de que siglo y medio atrás su estreno tuviera lugar en el mismo ámbito donde reina la Sinfónica de la MDR, la ciudad de Leipzig, en tanto los que se han encargado, con mayor ahínco y extraordinaria fortuna, de asumir y difundir la obra en la actualidad son los cornistas Max Hilpert, Johannes Winkler, Tino Bolk y Michael Guhne, integrantes del Leipziger Hornquartett. Pocas veces se tiene la oportunidad de asistir a la plena revelación de la belleza tímbrica de un conjunto de metales de tal naturaleza. El cuarteto logró aquí en La Habana articular las enormes dificultades técnico-ejecutivas de la partitura (un músico cubano comentó que Schumann pensaba que el corno francés era tan dinámico como el piano) con la atmósfera refinada que se respira a lo largo de este largo movimiento concertante. Debe mencionarse la capacidad de Luisi y la Orquesta de la MDR para dialogar con el Leipziger Hornquartett, con plena conciencia lírica. Si la crítica musical cubana —digo, es un decir— se reuniera como la teatral o la cinematográfica para seleccionar los diez momentos más significativos de la temporada anual de conciertos, seguramente votaría por este encuentro con la Sinfónica de la MDR y los cuatro excelentes cornistas de Leipzig. |
|