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03/11/2002
Portada de hoy

Argentina

La crisis corroe al peronismo

JOAQUÍN RIVERY TUR

Era para asombrarse. Era tan fuerte que no entraba fácilmente en la cabeza. La crisis económica y social argentina ha llegado tan lejos que el diario Clarín, el de mayor tirada en el país, llegó a publicar un estudio sobre el tema.

Es tanta la indigencia —repito, la indigencia, no la pobreza— que el Gobierno del país se vio obligado a establecer una escala de categorías para definir el nivel de abandono: 6,3 millones de personas son clasificadas en niveles de indigencia leve, moderada, mediana y aguda.

Hacía unos días un argentino con recursos me había dicho que "la cosa no está tan mala", y al recordar los rostros de tristeza de los niños cuyas fotos circulan por Internet me pregunté yo mismo si sería posible que estuviese peor.

Se acabó octubre también y el Fondo Monetario Internacional no ha llegado a ningún acuerdo con el Gobierno de Buenos Aires para darle aire a una economía que lleva cuatro años retrocediendo. Se ha negado rotundamente entre pretextos que van y vienen, mientras este fin de semana el ministro de Economía, Roberto Lavagna, se entrevista en Washington con todo tipo de funcionarios para que la institución acabe de aprobar un pequeño paquete de ayuda financiera a la nación austral.

Y mire usted la paradoja: la crisis se generó a causa de la aplicación de los ajustes estructurales pauperizantes sobre todo durante la década de los noventa, cuando gobernaba el país Carlos Menem en nombre del Partido Justicialista (peronista), mas estalló en su nivel actual cuando estaba en el poder un presidente radical.

¡Ah! Pero el caos obligó a renunciar a Fernando de la Rúa y entonces se sucedieron fugaces mandatarios... de nuevo peronistas.

El actual, Eduardo Duhalde, ha conducido más o menos al país desde principios de año, toreando la miseria generalizada, rogando créditos, vendiendo votos, pero en fin de cuentas sin lograr ni un solo centavo de préstamo.

Soporta las presiones del Fondo y de Estados Unidos por no pagar la deuda externa, o más bien por no tener dinero para pagarla. Al dejar de abonarla, la crisis se acentuó, y con ella aumentó el desempleo (algunos cálculos hablan del 30% de parados forzosos). Cosecha la siembra de medidas neoliberales sembradas por Menem.

Pero la crisis ha alcanzado al Partido Justicialista (PJ) cuando en el horizonte se vislumbran las elecciones generales de marzo del 2003. La organización internamente está en lucha feroz, despiadada, entre dos grupos bien definidos: uno alrededor de Menem y otro de Duhalde.

Menem, a pesar de su grave responsabilidad como uno de los causantes de la desesperada situación del país, desea ser nuevamente presidente. Duhalde, quien ha declarado que entregará el mando el 25 de mayo próximo, no admite al ex mandatario como candidato del peronismo.

El pasado jueves, Duhalde logró que los dos tercios de los miembros del Congreso Nacional Justicialista aprobaran el 19 de enero como fecha para elegir al aspirante presidencial del PJ en elecciones primarias, cuando el Consejo Nacional, manejado por menemistas, había acordado hacerlo el 15 de diciembre.

Según el diario Clarín, la jugada se explicaría por el deseo de Duhalde de encontrar un candidato con posibilidades de derrotar a Menem en las elecciones primarias internas. O, como indica La Nación, con el interés de que se apruebe en el Parlamento un sistema electoral distinto, que permita a un partido presentar más de un candidato. Hay varios pretendientes, como Néstor Kirchner y José Manuel de la Sota, pero no hay nada decidido.

La actitud de Duhalde, se especula, tiene su origen en que Menem se opuso a que el primero fuera el candidato justicialista en 1999 (Menem tenía el poder), y ahora el mandatario le pasa la cuenta.

La riña ha provocado una división interna de tal magnitud que el grupo de Menem presentó en el Congreso una bancada propia de 30 legisladores, con lo que las huestes peronistas se reducen a 90.

Ninguno de los dos grupos en pugna por el poder político discuten cómo hacer para sacar a los argentinos del abismo económico y social en que se encuentran. Esa no es una prioridad, con lo que se ratifica hasta dónde ha calado en ellos la ideología neoliberal: potenciar el individualismo.

03/11/2002

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