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03/11/2002
Portada de hoy

En el Amadeo Roldán

Los Beatles y el güije

PEDRO DE LA HOZ

La última imagen del tributo que la anoche del viernes Leo Brouwer y los músicos cubanos rindieron a Sir George Martin, el quinto Beatle, el hacedor del cuarteto desde la sombra, de visita ahora en la Isla, fue harto elocuente: un mar de voces clamando Hey Jude como si fuera una página recién escrita o como si Paul, John, Ringo y George volvieran a empezar.

Foto: JOSÉ M. CORREAEse aire de novedad en una velada marcada de antemano por los más fervientes entusiasmos y hasta las más delirantes mitologías, aligeró la atmósfera y permitió que las casi tres horas de encuentro con el visitante inglés transcurrieran bajo un signo familiar. En buena medida ese tono fue matizado por la multiplicación en impresos y camisetas de una espléndida estampa con los rostros de Martin y Los Beatles, lograda por el artista Agustín Bejarano.

A decir verdad, este concierto, presenciado por el ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque, y el de Cultura, Abel Prieto, no solo fue un regalo para Martin, obsequioso también desde el podio con versiones de Yellow submarine y la coral Hey Jude, sino una poderosa llamada de atención acerca de lo mucho que le debemos a Leo Brouwer como descubridor entre nosotros del sentido más profundo de la obra del cuarteto de Liverpool.

Un ejemplo vivo de ese calado se tuvo al escuchar, en noche de lujo, al propio Leo al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional y al guitarrista Joaquín Clerch, quien desarrolla una importante carrera internacional desde la ciudad alemana de Dusseldorf, en la suite From Yesterday to Penny Lane, para guitarra e instrumentos de cuerda.

Leo, Joaquín y la OSN prácticamente reinventaron la partitura con el mismo fuego con que la supieron ejecutar fielmente —feliz contradicción del arte—, de modo que dejaron la huella de una ejecución irrepetible.

En torno a dicho centro, todo se hizo posible en el acriollamiento de Los Beatles: desde la ternura del Imagine compartido por Entrevoces y el Coro Infantil del Coro Nacional hasta el Michelle de encrespadas polifonías del cuarteto DEM; desde el exuberante e inteligente pianismo de Robertico Carcassés en She's so heavy hasta la manera de recordar que la música cubana también permeó el catálogo beatle con obras del corte de And I love her, cantada por Rojitas, con la guitarra de Luis Manuel Molina (muy activo, además con el clarinetista Vicente Monterrey y de motu propio estrenando obras para su instrumento), sin olvidar el territorio de la trova habitado por Gerardo Alfonso.

Y luego, para redondear, Guille Vilar deshaciéndose de sus reliquias: la carátula de un disco conservada con fe aún contra los más terribles dogmas y la papeleta que marcó el inicio público de la larga senda recorrida por Brouwer junto a Los Beatles: una suite para guitarra con Bach en el punto de partida, un concierto conjunto con Irakere, todo ello en la segunda mitad de los setenta.

Ahora, en la primera década del nuevo siglo, ¿qué otro mito es capaz de convocar musicalmente a cuatro generaciones como las reunidas anoche en el Amadeo Roldán? ¿Quiénes si no Los Beatles en santa alianza con los güijes de esta tierra?

03/11/2002

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