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03/11/2002
Portada de hoy

A propósito de la Biblioteca Familiar

En la vida se aprende a leer dos veces

ANTONIO PANEQUE BRIZUELA

¿Tuvo usted un "tutor", familiar o no, que, desde la época dorada de la infancia le "alimentó" el gusto por la lectura? ¿No lo tuvo, pero de todas formas se inició por sus propios medios? ¿O se encuentra entre los que "comenzaron tarde" pero se recobraron a tiempo y recuperaron el camino perdido hacia ese placer "dolce" y "utile", como Virgilio describía a la literatura?

En el primer caso, pudo haber sido beneficiado aquel cuyo tutor fue bueno —que es decir bien preparado—, y haber tomado por esa senda sin tropiezos, acertadamente aconsejado; pero el guía también pudo haber sido no tan bueno, o quizás el alumno desoyó las recomendaciones; mientras que en el tercer caso cabe la opción de haberse "aconsejado" sin ayuda, con las propias lecturas y demás formas de promoción a que tiene acceso un adulto.

Camila Enríquez Ureña (Santo
Domingo, abril de 1894-Santo
Domingo, septiembre de 1973),
una de las grandes defensoras 
universales de la lectura. Entre sus
diversos aportes, figuró su labor en
la Escuela de Letras y de Arte de
la Universidad de La Habana.

Sin embargo, quien se inició por sus propios medios, siendo aún niño, pudo también haber "acertado" y haber "chocado" casualmente en una biblioteca familiar (o pública, si la había) con Andersen, los hermanos Grimm o Perrault y después haber seguido la ruta de Stevenson, Twain, Verne y toda aquella pléyade de "conocidos" que pueden encaminar a un niño o adolescente por los senderos literarios. Porque no todos pudieron ser un Juan Jacobo Rousseau, de quien se cuenta que, virtualmente huérfano de madre y padre, tuvo en la baronesa de Warens a una tutora que lo elevó hacia las cumbres de la cultura.

"En la formación de Rousseau como literato y como pensador —ha escrito Albert Z. Manfred sobre el autor de Emilio y de El contrato social— los años que vivió junto a la señora de Warens constituyeron una etapa muy importante. (...). Su admirable erudición, que con posterioridad asombraba a sus interlocutores, fue, en lo fundamental, el resultado de las lecturas que solo o con la señora de Warens realizó en casa de esta última". 

Pero lo que, al margen de impulsos espirituales como los del siglo de Pericles, o de los afanes no siempre fructuosos de organismos internacionales como la UNESCO, pocas veces ha ocurrido en la historia es que un gobierno sea el responsable total del acercamiento de sus habitantes a la literatura, como está sucediendo actualmente en Cuba. Aquí el Estado es literalmente el tutor del pueblo.

Un verdadero programa de origen oficial para impulsar la lectura sitúa a la Isla en una situación a todas luces privilegiada a escala mundial, con capítulos como el lanzamiento este año de la Biblioteca Familiar a las librerías, con 100 000 colecciones de 25 títulos escogidos por distinguidos intelectuales.

Pese a lo intenso de esos fueros promocionales, ello, claro está, no es nuevo y, más allá de su sabor a exclusiva cultura, tiene su origen en la Campaña de Alfabetización, a principios de los sesenta, junto a la edición también por entonces de El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, el primer gran intento librero de la naciente Revolución, con una tirada, por cierto, igualmente de 100 000 ejemplares (¿Habrá sido casual?). Pero lo que en este país se ha demostrado, pensamos nosotros, es que un ser humano debe ser enseñado a leer dos veces en el curso de su vida.

Reiteradamente la dirección del Estado ha mostrado el precepto de Fidel en cuanto a que la Revolución no dice cree, sino lee, y eso es válido tanto para "las primeras letras", como para "las segundas".

Y también a la luz de estos tiempos de escritura intensa, rememoramos aquellas aleccionadoras palabras de Camila Enríquez Ureña, Profesora Emérita cubano-dominicana (y eterna maestra universal) ya desaparecida, aplicables tanto para aquellos que empezaron algo tarde a leer bueno, como aún para quienes lo hicieron a tiempo: "...Pero, ¿qué hará el individuo que, ya adulto, desee habituarse a la lectura? (...). Puede ser que el que no haya formado temprano el hábito de leer pueda sentir desde el principio arder en su espíritu la llama del entusiasmo. No importa, hay que ponerse en contacto con nuevas obras notables, y esperar (...).

"Debe leer los grandes libros clásicos, que por serlo, son de todas las épocas y que deben leerse con frecuencia, porque siempre parecen nuevos. No importa que no se pueda comprender todo en esos libros; cada vez que se leen se encontrará en ellos una nueva luz, y nadie, ni el más sabio de los hombres, podrá agotarlos nunca...".

Útiles consejos de Camila para la posteridad que coinciden con las apreciaciones de otro de los grandes amigos universales del libro, Sir Francis Bacon: "La lectura —decía el filósofo inglés— produce personas completas; la conversación personas dispuestas y la escritura, personas precisas".

03/11/2002

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