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31/10/2002
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Bahía de La Habana

El agua respira mejor

ORFILIO PELÁEZ

Cuentan los archivos históricos que en la segunda mitad del siglo XVIII, el gobierno colonial español instaló un astillero dedicado a la construcción de grandes barcos de guerra y de transporte en la Bahía de La Habana.

El hecho, visto en aquellos tiempos como símbolo de progreso y bienestar, marcaría el inicio de la contaminación de las aguas de la famosa rada habanera por los residuales de maderas y resinas generados por esa actividad.

Foto: ALDO MEDEROS Gran cantidad de desechos
domésticos e industriales todavía
llegan a la rada habanera a través 
de los drenajes y ríos que
desembocan en ella.

Desde entonces, el desarrollo de la ciudad giró alrededor de su puerto, principal vía para el intercambio comercial del país con el exterior, incluso, hasta nuestros días.

Un verdadero anillo de fábricas rodeó a la Bahía y los crecientes volúmenes de desechos sin tratar se vertían en sus diferentes márgenes. También aumentó de manera explosiva el número de núcleos urbanos asentados en las proximidades de ríos y arroyos que desembocaban en ella, aportando contaminantes sólidos y otros residuos orgánicos.

Para colmo, la ubicación del basurero de la ciudad en Cayo Cruz, en las márgenes de la Ensenada de Guasabacoa, agravó el deterioro ambiental del ecosistema.

El resultado de tales prácticas es fácil de imaginar. Las aguas perdieron su tonalidad cristalina de antaño y se volvieron oscuras por las altas concentraciones de hidrocarburos y metales pesados; el oxígeno se redujo a la mínima expresión, y con ello, la vida acuática casi desapareció.

Peces y pescadores aparecen
de nuevo en el paisaje de la
 Bahía capitalina.

Así, en los años finales de la década de los ochenta del recién terminado siglo XX, la Bahía de la Habana clasificaba entre las tres más contaminadas del mundo y en opinión de muchos, sin oportunidad alguna de salvación.

PASO AL SANEAMIENTO

Descubierta en 1509 por el marino español Sebastián de Ocampo, la Bahía de La Habana ocupa un área de 5,2 kilómetros cuadrados, tiene una extensión de costa interior de 18,6 kilómetros, y su profundidad media es de 9 metros, con un volumen de agua estimado en 47 millones de metros cúbicos, que se renueva por lo general cada siete días.

Por esta típica bahía de bolsa, el país recibe casi el 70% de sus importaciones, y envía al exterior el 90% de las exportaciones.

Con la finalidad de ejecutar de manera integral el rescate ambiental de la rada capitalina, en junio de 1998 y por acuerdo del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, se crea el Grupo de Trabajo Estatal para el Saneamiento, Conservación y Desarrollo de la Bahía de la Habana, encabezado por el licenciado Armando Choy Rodríguez, delegado del Ministerio de Transporte, y en el cual participan instituciones de diferentes organismos y sectores del Estado.

Según comentó a Granma el licenciado Choy, las principales acciones emprendidas en los últimos cuatro años para mejorar la salud ambiental de la Bahía se han concentrado en las remodelaciones tecnológicas de varias industrias, reubicación o clausura de fuentes contaminantes, tratamiento de residuales, la recuperación de los desechos, y medidas internas para evitar vertimientos por parte de entidades pertenecientes a 11 ministerios.

Entre ellas figuran el cierre de los cuatro mataderos situados a orillas del río Luyanó, que fueron trasladados hacia San Nicolás de Bari, los cuales vertían en su conjunto cuatro toneladas diarias de materia orgánica a la Bahía; y los cambios tecnológicos introducidos en la planta de gas Evelio Rodríguez Curbelo y en la Destilería Habana, que eliminaron los aportes de sus residuos industriales a la rada.

La construcción de una barrera fija en la Refinería Ñico López, redujo de 20 toneladas diarias en la década de los ochenta a cuatro o cinco en la actualidad, los volúmenes de hidrocarburos que esa entidad deja escapar hacia el ecosistema.

En total, precisa Choy, alrededor de 15 industrias altamente contaminantes ya no tiran sus desechos a la Bahía; mientras cada uno de los 113 focos contaminantes que aún lo hacen, tienen bien definidos su plan de medidas para la progresiva disminución o eliminación de los vertimientos.

Si bien existen aún determinadas áreas con presencia significativa de materia orgánica y residuos industriales, como ocurre en la zona de Atarés, en sentido general la estrategia trazada muestra sus primeros resultados halagüeños.

Por ejemplo, entre 1998 y el 2001, la carga contaminante de origen industrial que llega a la Bahía se redujo en un 60%, los tres equipos limpiabahías extrajeron durante el pasado año 
4 018 metros cúbicos de desechos sólidos flotantes e hidrocarburos, y el promedio general de oxígeno disuelto en el agua fue de 4,1 miligramos por litro, en contraste con la media de 0,73 reportada en el período 1986-90.

Tales avances comprobados a nivel de laboratorio, son más perceptibles para las personas, a través de la reaparición de diferentes especies marinas, sobre todo de peces y mariscos, unido al regreso del vuelo rasante de gaviotas y pelícanos en busca de esos alimentos, paisaje que vuelve a cobrar vida en el entorno de ese litoral.

Con la colaboración de Alemania, Japón, Italia y Bélgica, y de organismos internacionales, entre ellos el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), se recibe financiamiento y asesoría técnica para acometer importantes inversiones y estudios destinados a la limpieza y saneamiento de la Bahía. La complejidad de los trabajos y el alto costo exigen plazos largos. Pero sin duda, la etapa más crítica de contaminación ha quedado atrás y la principal rada de Cuba, para bien de todos, va en camino de su definitivo saneamiento.

31/10/2002

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