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31/10/2002
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Viaje al suicidio

Ana Ivis Galán García

Tenía 16 años y estudiaba Construcción civil en una escuela media. Estando en las pruebas finales su mamá intentó llevársela. Tuvo que repetir el grado, pero no lo hizo, le daba pena. Por fin su madre se va, y al cabo de los cinco años —ahora ella estudiaba para terminar el doce grado, y tiene 37 semanas de embarazo— le habla por teléfono de la salida, y le asegura que el viaje será rápido y sin problemas.

Nuevamente sus estudios quedan sin terminar. Una irresponsable llamada la puso al borde de la muerte, y peor aún, a su inocente varoncito, quien casi no llega a conocer la luz de la vida. Ella confió porque "mi mamá no va a querer lo peor para mí".

Esta es la historia que cuenta la joven de 20 años, Signy Rodríguez Medina, de la provincia de Villa Clara, quien agregó que su esposo, con el cual vive sola en una casa con todas las condiciones, según ella, no conocía de su decisión.

El pinareño Josvany Velázquez lo intentó por embullo. "Quería ayudar a mi hermana que tiene una niña chiquita".

El 10 de octubre, un grupo de 10 personas (ocho hombres y dos mujeres), todas de Pinar del Río, salieron en una embarcación rústica construida por ellos con tablones, cámaras, motor de petróleo, ocho remos, propela y timón. Su objetivo: llegar a México, y luego cruzar hacia los Estados Unidos. El 22 los encontró un tanquero petrolero griego, les brindaron asistencia, y ese mismo día fueron entregados al guardacostas norteamericano.

Llevaban poca comida: pero según los cálculos debía alcanzar, dice Rafael de la Caridad Rivas, otro de los participantes. Cruzando el Canal de Yucatán se les partió la propela y quedaron a la deriva, en el medio del Golfo, durante 12 días.

"Enfrentamos un norte —según Josvany—, con olas de hasta siete metros de altura. Pasamos tres o cuatro días sin comer ni tomar nada. La gente se puso mal; uno empezó a vomitar sangre, y otros dos se descontrolaron de los nervios", agrega Rafael.

Para el joven Josvany fue la locura de su vida: él fue el de los vómitos de sangre, además, la presión le bajó a 90 con 60; y aún después del regreso se veía mal. "Otro día más y no estuviera aquí. Yo visité la muerte de cerca", afirma.

Estos dramáticos relatos corresponden a dos grupos de 35 emigrantes, quienes en busca del "sueño americano" salieron ilegalmente en días recientes y se encontraron a las puertas del suicidio.

De uno de estos grupos ya conocimos; el otro, intentó salir ilegalmente con apoyo del exterior (25 en total, de ellos cuatro eran menores). Caminaron durante varias horas por pantanos y mangle. Ninguno pudo identificar al guía porque tenía el rostro cubierto, y ni siquiera el lugar por donde partieron. Finalmente, durante el viaje la lancha se quedó sin combustible, y al otro día (23 de octubre) fueron interceptados.

Familiares y amigos —¿los serán realmente?— los estimulan a lanzarse a un viaje de aventuras con muchos riesgos físicos y psíquicos, amparados por una ley asesina diseñada para sepultar en mar a los cubanos que creen en ella.

La entrega de estos 35 emigrantes constituye el acto número 48 del servicio de guardacostas en lo que va de año, y con ellos suman ya 641 ilegales devueltos. Entre ese servicio y la Base Naval de Guantánamo, en el 2002, se ha regresado por las autoridades norteamericanas un total de 661 personas.

31/10/2002

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