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30/10/2002
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Elecciones en Estados Unidos

Voto por la economía o la guerra

ORLANDO ORAMAS LEÓN

Las elecciones del próximo 5 de noviembre en Estados Unidos serán una suerte de consulta sobre el desempeño del presidente George W. Bush, cuya retórica y aprestos para una agresión a Iraq parecen impactar menos en los votantes que las preocupaciones ciudadanas sobre el futuro de la economía del país.

Los comicios, de mitad de mandato, renovarán al pleno de la Cámara de Representantes, 435 bancas, un tercio del Senado, 34 curules del total de 100, y pondrán en juego 26 de las 50 gobernaciones.

A pesar de las preocupaciones de la Casa Blanca respecto de la lucha contra el terrorismo, y la sucesión de hechos violentos que han sido noticia, sobre todo la saga del francotirador, el presidente Bush se ha dedicado, casi a tiempo completo, a recorrer estados de la Unión para apoyar a sus candidatos.

El jefe del ejecutivo se puso al frente de la campaña republicana, con un papel secundario para el vicepresidente Richard Chenney. Muy bueno en eso de recaudar fondos, George W. Bush llevó a las arcas del partido más de 100 millones de dólares.

La familia Bush ha estado muy envuelta en la liza electoral. Con el ex presidente George Bush como asesor tras bambalinas, su primogénito renovó sus ataques furibundos a la Revolución Cubana, con el afán de apuntalar las aspiraciones del gobernador de la Florida, Jeb Bush, quien no las tiene todas consigo frente a su rival demócrata.

No hay que olvidar que el actual mandatario debe su amañada victoria a los cuestionados resultados decididos en la Florida en noviembre del 2000, en los que la mano sucia y tramposa de la mafia anticubana desempeñó un papel fundamental.

Si bien los republicanos se están apoyando en la popularidad que hoy todavía goza el presidente Bush, lo cierto es que el boom alcanzado tras los atentados terroristas del pasado año ha venido decayendo, del 90% de aceptación entonces, a un 65% por estos días.

Por los demócratas estuvo muy activo el ex candidato presidencial y ex vicepresidente Albert Gore, con claras intenciones de volver a competir, quien criticó a la Administración por sus intenciones de ir a la guerra, y la responsabiliza por la incierta situación económica. El ex presidente William Clinton ha sido también uno de los caballos de batalla del principal partido opositor.

Los demócratas acusan a sus rivales republicanos de derrochar el excedente presupuestal que dejó la Administración Clinton. Según la alcaldesa de Iowa, Ann Hutchinson, desde enero de este año casi dos millones de norteamericanos perdieron sus empleos y el mercado de valores evaporò billones de dólares de los ahorros de retiro de inversionistas.

Raúl Grijalva, candidato a la Cámara Baja por un distrito de Arizona, apuntó que políticas republicanas "han contribuido a generar los niveles de desconfianza más grandes en la economía del país de los últimos 10 años." Subrayó que la economía estadounidense no puede seguir con las agotadas y viejas ideas republicanas de reducir impuestos a los ricos y a las corporaciones, mientras crece el desempleo y las pequeñas empresas van a la quiebra.

Un reciente sondeo divulgado por CNN concluye que el 47% del electorado favorece a candidatos demócratas, por encima del 43% que apoya a los candidatos del partido oficial para ocupar escaños legislativos.

El 54% de los consultados dijo que volvería a votar por Bush si buscara reelegirse para un segundo mandato, en comparación con un 63% que apoyó esa idea en enero pasado. Pero aunque el 49% consideró que el país tiene un desempeño "adecuado o muy adecuado", la cifra es la más baja registrada desde 1996.

Más de la mitad de las respuestas consideraron que la economía atraviesa por un mal momento y el 59% coincidió en que podría empeorar en los próximos meses.

Y si bien el 41% dijo que el tema de mayor importancia a tomar en cuenta a la hora de elegir a los legisladores será el de la economía, el 23 expresó que será la campaña antiterrorista, y apenas el 9% se refirió al conflicto con Iraq.

En la Cámara de Representantes los republicanos disponen de 223 bancas, 210 los demócratas y dos las independientes. Estimados apuntan que entre un 15 y 20% de los puestos en disputa tienen un pronóstico incierto.

En el Senado los demócratas aventajan por apenas un curul a sus rivales, y hay un senador independiente. Entre seis y ocho asientos no tienen aún definición, lo cual impide asegurar que la oposición mantenga su precaria mayoría.

Serán 36 los estados donde habrá elecciones para gobernadores, y entre los que no se reelegirán estará el independiente Jesse Ventura, de Minnesota, quien recientemente estuvo en La Habana, donde explicó que no intentará otro mandato. Los republicanos arriesgan más en la lucha por las gobernaturas. El control de los territorios es de suma importancia para las elecciones presidenciales y los observadores vuelven a retomar el caso floridano, donde Jeb Bush le aseguró la victoria al primogénito.

A una semana de la cita en las urnas, el presidente W. Bush aprobó una ley que dispone 4 000 millones de dólares para comprar nuevas máquinas de conteo de sufragios, crear registros electorales centralizados en cada Estado federado y campañas de información a los votantes. El propósito es evitar que se repita el caso de las boletas confusas de la Florida, que mantuvo en vilo durante cinco meses el nombre del Presidente electo en los comicios generales del 2000.

Así se presenta el panorama electoral estadounidense, cuyo desenlace pocos se atreven a predecir. No obstante, deberá ser un termómetro para medir la gestión de una Administración que accedió a la Casa Blanca en unos comicios cuestionados, y que ha tratado de rehacer su crédito azuzando el fantasma del terrorismo y preparándose para la guerra.

30/10/2002

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