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25/10/2002
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Elecciones en Cuba y Estados Unidos

Entre cielo y hoguera

NICANOR LEÓN COTAYO

La asistencia del pueblo a las elecciones es una importante expresión de la democracia, y en ello Cuba puede ofrecer tres pistas de ventaja a cualquier país del mundo, y ganar.

Recientemente asistió aquí a las urnas el 95,64% de los electores cubanos, algo ya habitual en este país, donde el sufragio es voluntario y la custodia y el conteo de los votos están en manos de electores seleccionados por la población y de niños.

En Estados Unidos, por ejemplo, la realidad es otra, pues hay tantos ciudadanos que no votan en las elecciones generales como habitantes tiene México, saldo aún más negativo en sus comicios parciales.

En uno de estos últimos, llevado a cabo en 1994, se presentó ante los colegios electorales el 37% de quienes debían hacerlo, igual a decir que más de 100 millones de norteamericanos dejaron de ejercer el sufragio.

Un cable de EFE lo había anticipado el 8 de noviembre: "Después de una campaña sucia y cara que hace prever una fuerte abstención, los estadounidenses acudirán mañana a las urnas para renovar la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y 36 gobernadores".

En aquellas elecciones el dinero circuló como un río. Por ejemplo, un candidato republicano de California al Senado, Michael Huffington, invirtió en su campaña electoral 27 millones de dólares procedentes de su fortuna personal.

Allí mismo, tres aspirantes a ser el candidato demócrata para Gobernador: Gray Davis, Albert Checchi y Jane Harmn, cinco meses antes de las elecciones habían gastado 62 millones de dólares en busca de ese objetivo.

Cabe subrayar que en esos comicios no ejerció su voto el 66% de los estimados en California, estado con el mayor peso electoral del país, quizás en alguna medida como respuesta a esa hemorragia de dólares.

En los 24 años que corrieron entre 1958 y 1982, jamás una elección de carácter parcial llegó en ese país a la mitad de los sufragios esperados y hasta el presente su promedio de asistencia ha rondado el 40%.

Una explicación sobre este problema la brindó el senador John McCain, quien fue aspirante a la candidatura presidencial del Partido Republicano en el 2000.

A fines de enero de aquel año el periódico español El País difundió una entrevista que le concedió este senador, donde afirmó que "la política americana es, quizás, la más corrupta de Occidente".

McCain agregó entonces que "no es de extrañar la indiferencia de nuestros votantes", y por eso, subrayó, "en 1996 votaron menos jóvenes que nunca, ni siquiera llegaron al 40%".

En Cuba sucede a la inversa. El domingo pasado concurrió a las urnas el 95,64% de los 8 millones 362 010 ciudadanos con derecho al voto, hecho no sorpresivo en esta nación.

Los enemigos de Cuba se refugian en su desgastado calificativo de "elecciones de Partido único", y tergiversan para desviar la atención del hecho que más les duele: un mar de pueblo junto a su proceso electoral.

¿Por qué este nuevo saldo a favor de la Isla? Debido a que existe honda confianza en la dirección del país y en el sistema político, frutos ambas cosas de una obra de 43 años con beneficios concretos para la nación.

La Revolución siempre ha hablado al pueblo con verdades palpables a favor de este, y ello ha constituido el mejor discurso político escuchado a lo largo de más de cuatro décadas.

¿Cuál es el dilema de Estados Unidos? Que en lo fundamental, como reconoció McCain, allí no existe confianza en el sistema político, y sus procesos electorales han perdido la seriedad que pudieran haber tenido.

Pero algunos son tan audaces que se atreven a seguir presentando ese grotesco espectáculo como ingrediente sustancial de la verdadera democracia, en tanto a Cuba como expresión de lo contrario.

Entonces, para ser perdonados aquí habría que dividir al pueblo con mil partidos electorales, disminuir en gran medida la asistencia a votar, prohibir a los vecinos elegir a los candidatos, y a los niños custodiar las urnas, al tiempo de vender las elecciones a multimillonarios.

Tales condiciones jamás serán aceptadas. Si quienes auspician e impulsan los procesos electorales en Estados Unidos van al cielo, entonces nosotros seguiremos prefiriendo la hoguera.

25/10/2002

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