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Don Quijote y Balanchín ANDRÉS D. ABREU
Sin estridencias técnicas transitó esta función que no dejó por ello de ser aplaudida gracias a la mesura y la armonía de sus intérpretes principales. Silvina legó a La Habana el recuerdo de una Kitry que respeta al ballet y logra cautelosamente todas sus proposiciones, mostrando de forma natural su extensión en los saltos y la destreza de los giros. Para esta estable función contó con ese Víctor que desde hace mucho tiempo es apreciado por su seguridad en el acompañamiento y la experiencia como ardid para transitar felizmente los retos coreográficos. Hayna Gutiérrez volvió a matizar con elegancia La Mercedes y Lienz Chang, su amante Espada, devolvió al Don Quijote del BNC la presencia de un bailarín de carácter y fuerza en el baile en este personaje. GEORGES BALANCHÍN Y LA NUEVA GENERACIÓN Tema y variaciones, de Balanchín, interpretada por los primeros solistas Yolanda Correa y Romel Frómeta, junto a otro grupo de jóvenes talentos del Ballet Nacional de Cuba, cerró la más dinámica de las Galas presentadas hasta el miércoles en el Gran Teatro de La Habana. Cuando se baila toda una noche a Balanchín, todo es tan intenso que hasta el público a la salida del teatro siente que danzó. Y es que el padre del neoclasicismo, preponderó tanto el ritmo de la música que sus creaciones se expanden más allá de la escena. Incluso, en obras como Apolo, donde el dibujo de la línea corporal contiene al movimiento, la celeridad musical y danzaria se escapa por tiempos para hacer expresiva la historia del hijo de Zeus inspirador de las musas. Oscar Torrado fue el bailarín que asumió sobre su figura, la danza que viaja desde signos rudimentarios hasta la hidalguía del refinamiento artístico en busca de una belleza formal. Junto a su álgida disertación como Apolo le acompañaron como musas Laura Hormigón (danza), Ivis Díaz (poesía épica) y Liuva Horta (lírica y canto), tres bailarinas que representaron la estética femenina preferida por el coreógrafo para sus creaciones. Piernas largas y rectas para un movimiento académico preciso, pedía Balanchín. De aquí la selección de Sadaise Arencibia para estrenar en Cuba Agón (pas de deux), junto a Jaime Díaz, otro novel de prominente figura. Sadaise dio soltura a su espléndida ductilidad corpórea para conformar la plasticidad de Balanchín, le añadió sus matices de bailarina que interpreta hasta en el movimiento de los ojos, y arrastró consigo el vigor de Jaime, solista que encontró en Agón una pieza ideal para enaltecerse. La Gala tuvo otros altos momentos. Viengsay Valdés y Joel Carreño, en comunicación espléndida como pareja de baile, demostraron virtuosismo y solidez de primeras figuras y dieron un memorable Chaikovski pas de deux. Anissa Curbelo volvió a dar garantías con su presencia en el elenco del BNC, recorriendo con elegancia y soltura los entretejidos pasos del Ballo della Regina, junto al prometedor Harold Quintero y un cuerpo de baile, que con Balanchín, bailó con mayores acentos.
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