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Francisco de Albear y Fernández de Lara Un héroe de la Ciencia ROLANDO GARCÍA BLANCO Nacido en el Castillo de los 3 Reyes del Morro el 11 de enero de 1816, hijo del comandante de dicha fortaleza militar, coronel de ingenieros Francisco José de Albear y Hernández, natural de La Habana, y Micaela Fernández de Lara Bargas, oriunda de Trinidad, su ascendencia española más cercana provenía de su abuelo paterno, Francisco Antonio de Albear y Palacios, natural de Santander, quien había arribado a Cuba como militar poco antes de la Toma de La Habana por los ingleses en 1762. Con solo 10 años de edad solicitó su ingreso en el Regimiento de Dragones de América, obteniendo los cordones de Cadete. Ya desde muy temprano dio muestras de aplicación en su tránsito, primero por la Escuela Concepción, y más tarde por la enseñanza secundaria que cursó en el Colegio Buenavista, donde obtuvo en 1832 un certificado de honor, que fuera emitido por Domingo del Monte a nombre de la Sociedad Patriótica de La Habana. Parte hacia España en 1835 para realizar los exámenes de ingreso a la Academia de Ingenieros de Guadalajara, los cuales aprobó con notas de Sobresaliente, e idénticas calificaciones mantuvo hasta su egreso en 1839 con el grado de Teniente del Cuerpo de Ingenieros. En 1840 participó en la denominada Guerra de los Siete Años, destacándose por su valentía personal y 3 años más tarde, se desempeñó como Profesor en la propia Academia. En 1844 el Ingeniero General propone a Francisco de Albear para que pase a servir a Cuba, pero cumpliendo antes una comisión de servicios por Francia, Bélgica e Inglaterra, con el objetivo de examinar los establecimientos y obras científicas de posible aplicación en la Mayor de las Antillas, a la cual arribaría posteriormente, por el puerto de La Habana, el 10 de abril de 1845. Una vez incorporado a la Subinspección del Arma de Ingenieros en la Isla, acometió la redacción de sus memorias de viaje, realizó diferentes misiones propias de su especialidad en Sancti Spíritus, Cienfuegos y La Habana. Funge como Ingeniero de la Real Junta de Fomento en 1847, y al año entrante esta le encarga la Dirección de Obras Públicas de la Isla de Cuba, aunque continuó subordinado como oficial al Arma de Ingenieros. Durante este fecundo período de su labor, que se extendió por espacio de 7 años, intervino en la realización de unas 200 obras, incluidos proyectos e informes, trabajos parciales y construcciones nuevas y completas, entre los que figuraban puentes, faros, muelles, carreteras y edificios. EL CANAL DE VENTO La obra que por su envergadura consagra a Francisco de Albear lo fue, sin lugar a duda, la elaboración en 1855 de su Memoria del Proyecto de conducción a La Habana de las aguas de los manantiales de Vento, y su ejecución ulterior como Director, labor a la cual dedicó los últimos 30 años de su vida. Múltiples resultaron las dificultades que conspiraron contra el normal desenvolvimiento de las labores constructivas, las cuales obligaban a Albear a desgastarse en continuos informes, acerca de cómo se utilizaban los escasos recursos asignados. Muestra de lo anterior fue su pública defensa a través del diario habanero La Voz de Cuba, en 1876, de las imputaciones que se le habían realizado desde el Diario de la Marina. Al analizar la falta de recursos apuntada por el Director de las Obras, debe tomarse en cuenta el estallido de la Guerra de los 10 Años y sus efectos sobre la economía de la por entonces colonia española, de la cual no podían estar exentos los trabajos del nuevo acueducto. No resultó casual, por tanto, la asistencia del propio Capitán General Arsenio Martínez Campos al acto que dejó inaugurada la primera parte de las obras, el 23 de junio de 1878, lo cual pretendía demostrar el inicio de la estabilidad social en Cuba tras el Pacto del Zanjón. Mas, el ya Brigadier del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de España, desde el 21 de septiembre de 1876, tuvo la satisfacción de ver su Proyecto premiado en la Exposición Universal de París, en 1878, donde obtuvo medalla de oro, "como premio a su trabajo, digno de estudio hasta en sus menores detalles, y que puede ser considerado como una obra maestra". EL ACADÉMICO Pero Albear no solo fue el ilustre autor de valiosas obras de beneficio social y artífice del Canal de Vento, sino que participó, además, en múltiples instituciones de carácter científico en Cuba y en el extranjero. Así, entre otras, fue miembro corresponsal de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, fundador de la Sociedad Geográfica de Madrid, y socio del número y de mérito de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, en la cual llegó a ostentar el cargo de Vicepresidente. En honor a la más estricta veracidad histórica debe destacarse que el Brigadier Francisco de Albear y Fernández de Lara, jamás tuvo participación directa como militar durante la Guerra de los 10 Años ni en la denominada Guerra Chiquita. Su labor y su talento estuvieron dedicados a las obras de beneficio social en la Isla que lo vio nacer, y a las que se consagró hasta su desaparición física, ocurrida el 22 de octubre de 1887, por lo cual no alcanzó a presenciar la conclusión de su obra magna, inaugurada 6 años más tarde, y que con toda justicia pasó a denominarse como Acueducto de Albear. |
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