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14/10/2002
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Ni amigo ni aliado

ARNALDO MUSA

Desde que Washington emprendió su guerra contra Afganistán, funcionarios de los gobiernos y grandes negocios de Europa han estado cavilando sobre las implicaciones del cada vez mayor dominio militar estadounidense en el mundo.

APEstados Unidos y sus aliados
de la OTAN se unieron para
esta masacre en Yugoslavia.

"Si usted valora el significado de las relaciones de Europa con EE.UU. por lo que estamos preparados para gastar en Defensa, olvidémoslo. No podemos acercarnos a ello", expresó Christopher Patten, comisionado para los Asuntos Extranjeros de la Unión Europea.

La aventura bélica en territorio afgano sirvió para que la Administración Bush hiciera aprobar un presupuesto de defensa anual cercano a los 400 000 millones de dólares, es decir, el 36% de los gastos militares en el mundo, mayor que los de los otros 14 países más gastadores al efecto, con la inclusión de Japón, las naciones del occidente europeo, Rusia y China.

The Financial Times, de Londres, hizo notar en una serie de artículos que las consecuencias de esta política son desagradables para los aliados de Washington, y apuntó que "en términos militares, no hay un solo rival que pueda amenazar los intereses nacionales norteamericanos".

O sea, que la Casa Blanca tiene pocos obstáculos para sus aventuras militares, no importa si alguno de sus socios disiente, lo cual revela el desprecio de la actual Administración respecto a los intereses de sus aliados europeos.

Y es un secreto a voces que pretende continuar utilizando el poder militar para dominar al mundo y reforzar su posición contra sus propios amigos.

Aunque tras la Segunda Guerra Mundial EE.UU. devino principal poder económico y militar, no fue hasta el asalto a Iraq en 1990 que utilizó la guerra contra un país en desarrollo para subrayar indirecta, pero palpablemente, su ventaja sobre otras fuerzas aliadas.

En Iraq, Yugoslavia y Afganistán, Washington demostró que tenía toda la capacidad para llevar a cabo en solitario una escalada militar en cualquier parte del mundo, si nadie lo detiene.

IMPERIALISMO "SANTIFICADO"

El establecimiento de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) "santificó" la permanente presencia de fuerzas militares norteamericanas en Europa, unos 118 000 soldados, mientras mantiene acantonados en el sudeste asiático, principalmente Japón y Sudcorea, a otros 100 000, con barcos y portaaviones, respaldados por un arsenal nuclear en tierra y mar.

A diferencia de Europa, donde EE.UU. está integrado a una alianza militar, en Asia no es así, aunque tiene pactos bilaterales con Japón y Sudcorea, y ha logrado introducir sus fuerzas en Filipinas, bajo el pretexto del combate al terrorismo.

En todo este contexto, 318 buques de guerra norteamericanos, incluidos 13 portaaviones, surcan los mares, en tanto asegura el dominio del espacio con más de 200 satélites militares.

Desde el punto de vista imperialista, la situación fue resumida irónicamente por Joseph Biden, actual presidente del Comité senatorial de Relaciones Exteriores: "La buena noticia es que somos la única superpotencia. La mala noticia es que somos la única superpotencia".

Los resultados de la Guerra del Golfo presionaron a los círculos dirigentes de Alemania y Japón para fortalecer sus fuerzas armadas, lo cual llevó posteriormente a decisiones "históricas", como la de que 4 000 soldados y barcos de guerra alemanes se movilizaron en respaldo al asalto a Afganistán y de que el gobierno japonés aprovechara la "guerra contra el terrorismo" emprendida por Washington para violar la Constitución de la posguerra, con el envío de 1 500 militares y cinco embarcaciones para respaldar los ataques contra ese país.

La postura británica, el aliado más fiel a Washington, puede ser traducida con esta afirmación de un funcionario en Londres, luego del envío de 1 700 soldados a Afganistán: "Si usted quiere tener alguna influencia con los norteamericanos, tiene que estar al lado de ellos".

No obstante, las divisiones internas entre los europeos con relación a las denominadas fuerzas de acción rápida de la OTAN han exacerbado la furia de Washington, que presiona para un mayor financiamiento a ese cuerpo ofensivo, el cual deberá estar integrado en el 2003 con los primeros 100 000 soldados, 400 aviones y 100 barcos. Todo ello aumenta el resquemor (y temor, diría) de una Europa preocupada respecto a quien les repite sin cesar que es su amigo y aliado.

14/10/2002

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