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La Unión Europea mira hacia el Este ARSENIO RODRÍGUEZ La quinta y más ambiciosa ampliación de la Unión Europea desde su fundación se llevará a cabo desde el año 2004 hacia el Este, con la incorporación de 8 de los 10 países que, a pesar de no cumplir plenamente los requisitos comunitarios para su entrada, fueron aceptados por la Comisión Europea la primera semana de octubre, momento en que se dio luz verde para la expansión.
"Los Seis" aceptaron por primera vez a nuevos miembros en 1973, integrándose así Dinamarca, Gran Bretaña e Irlanda. En 1981 ingresa Grecia, lo que constituyó el primer paso del crecimiento hacia el flanco Sur. Cinco años después se adhieren España y Portugal, momento en que la organización llega hasta los 320 millones de habitantes y se convierte en la mayor comunidad económica del planeta. En 1995 se incorporaron Finlandia, Suecia y Austria, para un total de 400 millones de personas, con una superficie de 3,2 millones de kilómetros cuadrados. Ahora "Los Quince" pretenden incorporar a diez nuevos miembros: Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Malta y Chipre, lo que permitirá crecer en 75 millones de ciudadanos más. Falta sin embargo un requisito para tal ampliación, y es la ratificación del Tratado de Niza, cuya entrada en vigor depende del segundo plebiscito a celebrarse en Irlanda el 19 de octubre y donde en la primera consulta ganó el NO. POLÍTICA DE PUERTAS ABIERTAS La Comisión Europea concretamente aprobó en Bruselas que las negociaciones para el ingreso de estas diez naciones culminen en diciembre próximo, con motivo de la Cumbre de la Unión Europea, a efectuarse en Copenhague, bajo la presidencia semestral de Dinamarca. Para los que pudieron tener alguna duda, queda claro que la decisión política de la más alta dirección comunitaria es la de abrir las puertas de par en par a estas diez naciones, con las cuales algunos de los miembros ya sostienen importantes y estratégicos vínculos económicos, como es el caso de Finlandia o de Alemania. No sucedió así con Turquía, a pesar de que esta nación haya hecho concesiones a la UE en su aspiración por ingresar, pero según lo dispuesto en Bruselas, deberá seguir esperando y no precisamente estará delante en la fila de los otros candidatos, los que aspiran a ser miembros en el 2007. Aunque debe quedar claro que entrar en la Unión no es, como ya lo saben los políticos de estas naciones, esperar que "caiga el maná del cielo", sino que, por el contrario, aceptar las normas comunitarias y la política común podría crear implicaciones muy serias en lo interno de estas naciones. Por solo mencionar Polonia, especialistas consideran que la tradicional agricultura familiar que predomina en los campos polacos se verá afectada y provocará la real desaparición de un alto porcentaje de campesinos, además de engrosar las abultadas filas del ejército de desempleados que ya existe en esa nación. RETOS Y DESAFÍOS Una verdad de Perogrullo sería afirmar que la expansión beneficiará a la Unión Europea, y que ello resultaba una exigencia estratégica en sus aspiraciones por una hegemonía económica mundial. Por razones políticas, en especial nuevas zonas de influencia y aumentar el poder de Europa en el planeta, la organización comunitaria estaba obligada a centrar su atención hacia el Este del continente, además de Malta y Chipre. Muchos serán los retos que la Unión deberá enfrentar antes del 2004 y sobre todo a partir de esa fecha, cuando tengan que ser nombrados como Los Veinticinco y no Los Quince como hasta ese momento. Pero si crecen en número y en poder, también lo harán en los problemas que una comunidad como esa genera en su accionar. Sobre todo en cuanto a lograr que los nuevos miembros puedan mantener la estabilidad política necesaria, la cual inevitablemente se verá afectada por los cambios que implica cumplir con los requisitos comunitarios, en especial en el ámbito social con el aumento del desempleo en algunos casos, o la afectación de la seguridad social en otros. Faltaría por ver cómo la Europa de los 25 realmente se convierte en una potencia económica capaz de enfrentarse a otros polos de poder, en especial el de los Estados Unidos, mucho más cuando algunos de esos nuevos miembros están y seguramente seguirán bajo la influencia de los norteamericanos. Por lo demás, a la Unión Europea le queda por delante un proceso de cambios internos que permita reajustar sus reglamentos internos para la nueva realidad que comienza en el 2004, donde los nuevos socios tendrán voz y voto, al mismo tiempo que tendrán que revisar políticas actuales para hacerlas más acordes a la nueva realidad. En especial, con relación a las políticas relacionadas con la llamada Política Agraria Común y las millonarias subvenciones que dedica la organización a la agricultura comunitaria, sobre lo cual no han sido capaces de ponerse de acuerdo ni siquiera los actuales quince miembros. Falta por ver cómo afectará esta expansión a las relaciones de la Unión Europea con el Tercer Mundo, sobre todo con sus compromisos de cooperación y ayuda con países que, evidentemente, después del 2004, no serán una prioridad para sus intereses. |
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