![]() |
|
Rigor y respeto en el
diálogo sobre Participa Fidel en la Conferencia Roger Ricardo Luis
En los resúmenes de las conversaciones brindados por los voceros del encuentro, Thomas Blanton, por la parte norteamericana, y Esteban Morales, por la cubana, se puso de relieve el espíritu de rigor y respeto que ha prevalecido en el diálogo.
En esa dirección, se expuso cómo el Plan Mangosta, elaborado por la CIA y aprobado por la Casa Blanca, destinado a generar todo tipo de acciones subversivas contra la Revolución contemplaba, en caso de que no resultara, la variante de intervención militar directa estadounidense en la Isla. La información suministrada por un agente de la KGB soviética en México a su mando expresaba que desde mucho antes al establecimiento de los vínculos entre la URSS y Cuba, ya EE.UU. fraguaba planes para destruir la Revolución, entre ellos el asesinato de dirigentes del país. Para principios de 1962, existe una percepción coincidente entre Cuba y la URSS acerca de la intención de Estados Unidos de agredir a la Isla. Por entonces, una delegación de alto nivel de Moscú viaja a La Habana y durante las pláticas, el compañero Fidel solicita que la Unión Soviética emita una declaración en la cual se expresara que una agresión norteamericana directa a nuestro país podría provocar un enfrentamiento con la URSS, sin pensar en la instalación de cohetes y en cuyo lenguaje estuviera presente el carácter disuasivo. La presencia de los cohetes en la Isla fue aceptada por la dirección revolucionaria a partir de resortes éticos, morales, como un gesto de reciprocidad y solidaridad con la Unión Soviética y el campo socialista, que venían apoyando y ayudando a Cuba. Otro aspecto de sumo interés expuesto en la rueda de prensa al término de la sesión de la tarde del viernes fue el relativo al derecho de Cuba a tener las armas que fueran necesarias para su defensa, cuestión enarbolada desde el primer momento de la crisis, pues ello no violaba ninguna norma internacional y, por lo tanto, la presencia de los cohetes en la Isla era justa y podía ser pública. Sin embargo, la dirección de la Revolución en aquellos momentos no coincidió con la postura asumida por la URSS de colocarlos de manera secreta. Esa situación es la que provoca la reacción del presidente John F. Kennedy, quien advierte el engaño de la URSS y asume la drástica postura de exigir la salida de los cohetes nucleares de Cuba. Este argumento lo esgrime la Casa Blanca como un elemento político que pone en desventaja a la URSS que había reiterado a EE.UU. que en nuestro país no había armas nucleares. Por otro lado, la reacción de Moscú no fue como la de Washington y no exigió lo mismo con los misiles norteamericanos instalados en Italia y Turquía, con independencia de que la supremacía estadounidense era mayor en ese campo en esos momentos. Es decir que a partir de determinadas consideraciones políticas, como se aprecia, se cometieron graves errores militares estratégicos, porque fue un error instalar los cohetes en Cuba sin el conocimiento de Estados Unidos, restándole fuerza a la Unión Soviética en las conversaciones. A la cita que se desarrolla en el Palacio de las Convenciones asisten protagonistas principales de los hechos de la administración Kennedy, entre ellos Robert MacNamara, secretario de Defensa; los asesores presidenciales Richard Goodwing, Theodore Sorensen y Arthur Schlesinger; el analista de la CIA Dino Brugioni; la viuda de Robert Kennedy entre otros familiares del desaparecido mandatario norteamericano; asimismo militares rusos con participación en los acontecimientos, invitados a título personal. En las palabras de apertura, José Ramón Fernández, vicepresidente del Consejo de Ministros y titular del Comité Organizador del evento, exhortó a los participantes a "contribuir a una reflexión, no exenta de debate, que dé continuidad a los procesos de establecimiento de la verdad histórica. La historia es algo digno de respeto y debe conocerse tal como es, lo más cercana posible a lo ocurrido", sentenció. |
|