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09/10/2002
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Epitafio para Torricelli

ORLANDO ORAMAS LEÓN

Abogado, y por demás hacedor de leyes, Robert Torricelli, quien parecía ser uno de los tanques pesados del Partido Demócrata en el Congreso, sabía bien lo que hacía, hasta que lo cogieron con las manos en la masa.

Su relevancia en el Capitolio no es ya por la meteórica carrera, apuntalada por la mafia cubano-norteamericana desde Miami. El legislador por Nueva Jersey recibió una declaración de culpabilidad del Comité de Ética del Senado, por cargos de soborno y fraude, que puso fin a sus aspiraciones de reelegirse en los comicios de noviembre próximo.

Cosas de la justicia norteamericana, Robert Torricelli logró evadir la investigación federal que le pudo haber llevado a la cárcel. Pero en tiempo electoral, fue el propio poder legislativo quien lo marcó con una reprimenda pública que puso a la vista de los electores los trapos sucios del senador.

A pocas semanas de las elecciones, el encartado se vio en franca desventaja ante el aspirante republicano, Douglas Forrester, quien ha basado su campaña en lo que señala como un "patrón problemático" de relaciones entre el senador Torricelli, ejecutivos y contribuyentes.

Y no es para menos. Cuando en el Senado se le citaba para dar cuenta de sus ilícitos actos, en la Cámara de Representantes sonaba también su nombre durante una audiencia sobre iguales cargos contra el diputado James Trafficant.

Richard Detore, acusado de intentar comprar la aprobación de Trafficant para que beneficiara a la firma Aeroespace Group, donde se desempeñaba como jefe de operaciones, aseguró que la compañía también tuvo tratos con Torricelli.

Detore declaró bajo juramento que su empresa le regaló pasajes aéreos al corrompido senador por Nueva Jersey, así como joyas valoradas en unos 100 000 dólares "para sus amigas".

Esto ocurrió en julio pasado, pero a inicios de año agentes federales habían cerrado una investigación sobre el legislador, a quien otro ejecutivo, el ciudadano de origen coreano David Chang, acusó de aceptar regalos indebidos mientras aspiraba a ocupar una banca en la Cámara Alta.

A cambio de usar su influencia política en beneficio de los intereses de Chang, Torricelli recibió 53 000 dólares para su campaña electoral en 1996, así como una docena de trajes italianos, una alfombra oriental e incluso, estatuas de bronce que formaban parte de la decoración de su oficina.

Con todas estas revelaciones a cuestas, Torricelli no tuvo más remedio que renunciar, a última hora, a su aspiración reeleccionista, lo que a lo interno del Partido Demócrata ha creado dificultades en las aspiraciones de retener la mayoría en el Senado.

Con la cita electoral a la vista, no parece fácil para el partido opositor elegir y llevar hasta el final a un candidato que pueda aventajar al aspirante republicano. Desde Miami se intentó promover al representante Robert Menéndez, muy ligado a las políticas del bloqueo y contra la Revolución cubana, pero Menéndez prefirió jugar al seguro y no arriesgarse en una votación que parece perdida de antemano.

Los demócratas lideran el Senado por apenas un voto, luego que el senador republicano, James Jeffords, desertara de las filas del partido de gobierno y se declarara senador independiente. El gobernador de Nueva Jersey, James McGreevey, junto a otros líderes demócratas, buscaron desesperadamente un candidato que, entre otras cualidades, deberá tener suficiente capacidad de recaudación de fondos, aunque ya se sabe que su antecesor, exitoso en el empeño, usaba métodos ilegales para reelegirse.

Fuentes demócratas dijeron que lo sustituirá el ex senador Frank Lautenberg, de 78 años, quien se desempeñó en la Cámara Alta desde 1982 hasta el año 2000. Lautenberg deberá recibir la recaudación electoral de Torricelli, aunque no es descartable que este intente una última jugada sucia para conservar el dinero.

Sea cual fuera el final de la contienda electoral en ese Estado, la negra historia de Torricelli vuelve a confirmar aquello de "dime con quién andas y te diré quién eres". Sus vínculos con la Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA) no eran una mera relación política, sino que estaban cimentados en los fondos que pagaron la ley que lleva su apellido. La ley Torricelli es aquella que prohíbe el comercio de subsidiarias de empresas norteamericanas con la mayor de las Antillas.

Y como para cerrar bien el cerco, esa legislación, luego complementada por la Helms-Burton, penaliza a los barcos que entren a puertos cubanos, además de aprobar fondos para la subversión y la desestabilización interna.

Otro dinosaurio anticubano, Jesse Helms, también había dicho adiós hace unos meses al Congreso, y no se presentará a la reelección senatorial, por lo que la mafia de Miami tendrá que haber lamentado mucho la renuncia de Torricelli, noticia que se suma a otras en la dirección contraria al anacrónico e inhumano bloqueo a Cuba.

09/10/2002

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