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05/10/2002
Portada de hoy

La Coloma levanta anclas

FÉLIX LÓPEZ
Fotos: AHMED VELÁZQUEZ

Varada en el horror de lo nunca visto, La Coloma comienza a levantar sus anclas: los barcos —signo de vitalidad en un puerto marinero— regresan a las zonas de pesca... Y la gente se sobrepone al apagón, la escasez de agua y el fango que rodea al poblado, marcando con lomas de sargazos la profundidad que alcanzó aquí la penetración del mar...

Ellos, imposibilitados por estos días de ver la televisión y escuchar la radio en la mayoría de sus hogares, desconocen que Lili fue más feroz al cruzar sobre el macizo tabacalero (San Luis-San Juan), y que muchos otros pueblos corrieron peor suerte. Pero en La Coloma, la actividad pesquera es vida, y pararla significa catástrofe.

Preparando los artes 
de pesca para zarpar.

Joaquín Hernández, un patrón de ley, apura a sus cinco hombres, termina de habilitar al plástico 203, y se dispone a zarpar a Cayo Dios: "Necesitamos volver al mar para olvidarnos de lo vivido en estos días. Después de un huracán o un ciclón siempre hay una pequeña temporada de buena captura, y eso nos hace falta a todos, a la economía del país y a nosotros. Por eso andamos así...

CONTRA RELOJ

Armando Posada, director del Combinado Pesquero de La Coloma, lleva dos huracanes sobre los hombros. La industria, como las casas de muchos pescadores, perdió más de la mitad de la cubierta; y de los nueve centros de acopio en alta mar, tres desaparecieron, cinco recibieron afectaciones y hay uno al que no se ha podido llegar, desconociéndose su estado.

"Esos centros de acopio de langosta, asegura Armando, son el corazón de nuestra actividad en la zona de pesca. Construir uno solo cuesta entre 43 000 y 45 000 dólares, más unos 
25 000 pesos. Las pérdidas crecen con los diez días de suspensión de las capturas, atendiendo a que una jornada promedio (de 20 toneladas) equivale a 200 000 dólares de ingresos a la economía del país."

El jueves, para fortuna de los pescadores y de la industria, 36 barcos langosteros de La Coloma, Boca de Galafre, Cortés y Arroyos de Mantua llegaron a las zonas de pesca. Otros 30 se incorporaron en el transcurso del viernes. Las dificultades que todavía enfrenta el Combinado han obligado a desviar 21 toneladas de langosta para su procesamiento en PRODAL, en la capital; 30 t a Batabanó; y 10 t hacia la Isla de la Juventud.

La retaguardia de 
los langosteros.

Para recuperar las averías en la industria, trabajan en La Coloma tres brigadas de La Habana que dan mantenimiento a los sistemas de electricidad y equipos de frío, mientras otra del MICONS, utilizando medios especiales de izaje, se ocupa de la reposición de las más de 5 000 tejas de fibrocemento que Lili convirtió en partículas...

"Con la suma de los dos huracanes, agrega Armando, las pérdidas superan los 200 000 dólares, sin contar los artes de pesca. En estos últimos todavía se desconocen los daños... Pero lo importante es que ya estamos pescando y pronto estaremos procesando nuestras capturas. Soluciones no faltan. El hielo, por ejemplo, llega en rastras desde Caibarién o las fábricas de La Polar y Perla."

AL OTRO LADO DEL MUELLE

En La Coloma todavía están habilitados dos albergues para damnificados, cinco pipas de agua andan una y otra vez por las calles del Consejo Popular, y los vecinos secan al sol sus colchones y pertenencias... Desde el Combinado Pesquero, las autoridades miran en dos direcciones: al mar y a la comunidad. Saben que lo primero depende de atender a los hombres y ayudarlos en estos duros momentos.

Armando, el director, explica que antes de Lili ya se habían repartido 1 500 tejas de asbesto cemento (de 3 000 destinadas a los trabajadores): "Ahora, atendiendo a que los daños fueron superiores, el Ministerio de la Pesca entregará 
10 000 tejas más al Consejo Popular, todo el cemento que se necesite para pisos y los materiales de terminación para tres edificios".

En honor a la verdad, la ayuda de la Pesca llegó a La Coloma, Galafre, Cortés y Arroyos de Mantua antes, durante y después de los huracanes. Las unidades empresariales se convirtieron en puestos de mando, y de ellas salieron los transportes para recoger a los evacuados y la comida que se necesitó en los centros de evacuación. Y cuando llegó el momento de evaluar los daños, se contaron al mismo tiempo las tejas de la industria y de las casas de pescadores.

Antes de alejarnos de la costa, fuimos testigos del diálogo entre Armando, el director, y un patrón en la zona de pesca. El primero, pegado al radio, le explicaba que los barcos debían limitar la captura a 1 200 kilos hasta que estuviera lista la industria; y el pescador —que nunca pesa el esfuerzo— parecía inconforme...

Mientras eso ocurría, en playa Las Canas, un asentamiento de pescadores arrasado doblemente por el mar, Alejo Pino Martínez se batía contra el mangle y el fango. Allí fueron a parar sus más preciadas pertenencias, pero él es tan noble que no maldice ni a la naturaleza: "No sé cuándo voy a acabar, pero tan pronto termine de construir un techo para la familia regreso al mar, como un huracán".

05/10/2002

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