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Colaboración médica en Haití Arián repite la historia Texto y foto: JOEL MAYOR
LORÁN Las historias bonitas se repiten con frecuencia: cuando Arián tenía cuatro años, su papá lo despidió con un beso y salió a cumplir misión internacionalista en Angola; ahora, su pequeño hijo de igual edad, lo espera en Cuba, mientras él comparte sus conocimientos sobre Medicina con la población de Haití.
Sin embargo, Arián Orta Caridad ha encontrado cosas bonitas en semejante sitio: "Hace poco tuve la oportunidad de salvar una vida. Fue una paciente de 25 años con cetoacidosis diabética, la complicación más temida de la diabetes mellitus". "En Cuba se cura fácil, en unas horas. Pero no teníamos laboratorio; solo lo sospechamos clínicamente. Ingresó en coma, un día feriado, terrible para conseguir la insulina. Tuvimos que visitar a otros pacientes para hallarla, y llevar el equipo con tal de realizarle el examen. "Pero lo logramos. Ya se va de alta. Su recuperación tomó desde el mediodía hasta la siguiente mañana. Salió del coma y se reía. Yo nunca había atendido a alguien con tan pocos recursos. Es la alegría más grande que he vivido como médico." Este joven galeno del policlínico de Baracoa, en el municipio de Bauta, cumplió 31 años en Haití. En ocasiones, discute casos en su tiempo libre, escucha música, hace cuentos de Cuba, y se pasa horas mirando las fotos de su hijo y su mujer. "También llevo un diario en el que escribo siempre las cosas positivas y negativas... y la nostalgia". Aunque a pocos metros de donde conversamos el sabor del son cubano, la salsa y el kompa, desatan su fuerza más allá del salón (donde antes celebraron la jornada científica departamental), Arián se concentra en revivir los sucesos de su estancia en la nación vecina. "Nuestro sanatorio cuenta apenas con 12 pacientes, ninguno tiene dinero, el Estado paga el tratamiento para los dos primeros meses, y son necesarios siete. El resto de los medicamentos que requieren los inmunodeprimidos, tienen que pagarlos. "Aquí he visto la tuberculosis en todas sus variantes, sobre todo asociada al SIDA, la más severa, también a la malnutrición. A nuestra llegada, ocho o nueve pacientes no podían afrontar los gastos, y hablamos con el administrador a fin de que los exonerara del pago. Lo conseguimos. Cuando se lo comuniqué a ellos, no entendí su creole, pero sí su alegría. "El apoyo a los graduados con excepcional rendimiento, en la realización del diagnóstico de salud, me sirvió de mucho para aprender el idioma y ver cómo viven mis pacientes. Hallé familias enteras con escabiosis y adolescentes con tres y cuatro hijos." Cuenta Arián que participó de la fiesta de inauguración de un kindergarten (círculo infantil). "Solo había ocho niños, el auditorio lo integraban las personalidades del pueblo, hablaban en francés." "Ellos confían en nosotros, porque hemos venido a traerles esperanzas", afirma orgulloso de su deber. Y aunque continúa haciendo relatos aparentemente increíbles, la mirada se le pierde en busca del abrazo de su padre... y quizás soñando con que el pequeño Arián también repita su historia. |
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