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02/10/2002
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Títeres, no simples muñecos

Enrique Atiénzar Rivero

CAMAGÜEY.— Todo lo que se haga en teatro para niños siempre será poco. A esa convicción se llega fácilmente luego de oír a prestigiosas personalidades de esta especialidad que, con mirada crítica, tejieron un mosaico de opiniones en torno a la existencia o no de la tradición y contemporaneidad en este espacio de las artes escénicas.

El taller que trató el tema sesionó en el Centro Provincial de Patrimonio, escogido para los debates teóricos del IX Festival de Teatro Camagüey 2002. El evento cubrió las expectativas por la profundidad de los puntos de vista y lo concurrido del intercambio, originado a lleno completo y con la participación de Abel Prieto, ministro de Cultura.

Hay muchas voces autorizadas en el ámbito del teatro para niños y dentro de ellas, la de Rubén Darío Salazar, director del teatro Las Estaciones, de Matanzas. Él actuó de moderador de este taller y significó que en el movimiento de titiriteros hay una historia hermosa que debe estudiarse para descubrir que hubo grandes personas vinculadas a este tipo de arte.

Allan Alfonso, del Guiñol de Santa Clara, dijo que el titiritero lo entrega todo al niño, pasión expresada con esa figura diminuta en la mano y con amor. "Para expresar pasión —razonó— hay que ser actor".

El decano del Teatro Nacional de Guiñol, Roberto Fernández, director artístico de esta compañía, hablando de la interconexión generacional y refiriéndose a los jóvenes teatristas, mencionó que ellos tienen que tomar lo asimilable de lo tradicional, romper con esquemas y hacer cosas nuevas.

Fue muy difícil ponerse de acuerdo acerca de si había o no tradición titiritera. Hubo uno de los asistentes que apuntó: "Creo que hay trayectoria titiritera, no tradición".

Del alejamiento que se produjo en un momento entre el teatro dramático y el de niños y títeres, se habló y también del sobresalto que causó incluir esa asignatura en el ISA, etapa rebasada, incluso, especialidad establecida como un diplomado.

La década del noventa fue la de la pujanza de este tipo de teatro. "A nadie —comentó otro teatrista— se le hubiera ocurrido, hace diez años, que este panel que se celebra estuviera tan concurrido".

Doce obras para niños y jóvenes se presentan en este Festival de Teatro. Pero es una lástima que los horarios alternos de las puestas en escena para los pequeños, conspire contra la participación infantil, al coincidir con las clases en las escuelas.

02/10/2002

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