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Artesanos de las comunicaciones FÉLIX LÓPEZ Joel Miranda, desde su humildad, nunca imaginó que él sería la primera persona que anunciaría a los cubanos la llegada a la Isla del huracán Isidore. Un día antes, se "mudó" a Cortés, acompañado de su inseparable Polosa, el viejo equipo soviético que le permitió realizar sus sueños como radioaficionado.
Un año atrás, después de muchas horas de estudio, entre transistores y frecuencias, logró su licencia como radioaficionado. El "bichito" se lo había inculcado el capitán Bladimir Arteaga, mientras pasaba su Servicio Militar. Joel, además de electricista en la Empresa Tabacalera de San Juan, no tardó en convertirse en presidente del Club de Radioaficionados de su natal Sandino. Desde ese puesto organizó una red para casos de emergencia, donde cada uno de los 27 miembros del grupo conoce con exactitud cuál es su misión. La de él, en espera de Isidore, era garantizar las comunicaciones con Cortés... "A las 9 de la mañana del viernes, recuerda Joel, ya la situación era caótica, una hora después estaba peor... Sabía que era el único contacto que quedaba con el resto del país, y me dediqué a dar continuos partes de la situación... Cuando el mar penetró y puso a volar árboles, barcos y techos, yo había perdido la noción del tiempo... El agua subió y tuve que treparme en una mesa... La Polosa seguía respondiendo." Lo que Joel no sabía entonces, era que sus partes fueron transmitidos por el propio Comandante en Jefe al Instituto de Meteorología, donde José Rubiera corroboraba las mediciones del radar de La Bajada con la observación que hacía en Cortés el joven radioaficionado. Pero la inundación empeoró, y al enterarse que el radista estaba con el agua al pecho, fue el propio Fidel el que ordenó su retirada urgente hacia un lugar seguro. Antes de regresar a La Habana, el líder de la Revolución elogió los esfuerzos de los radioaficionados por mantener la comunicación en un momento tan difícil y necesario. A esa hora, el radioaficionado CL1-ME andaba feliz, cargando con su Polosa hacia un lugar seguro. Todavía hoy no ha reparado en su hazaña. Y eso lo hace dos veces valeroso. |
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