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Privilegio de una madre Hilda Llerena, una avileña que empinó al internacionalismo a seis de sus 12 hijos. Treinta y dos veces abuela y cuatro bisabuela ORTELIO GONZÁLEZ MARTÍNEZ BOLIVIA, Ciego de Ávila.— No será Mariana, la madre de Antonio, José, Marcos... pero del vientre de esta mujer del municipio avileño de Bolivia, cubana a toda prueba, nacieron Ramón, Isidoro, Silvio, Orlando, Bernardo y Jesús.
No sé por qué, cuando me lo dijeron la asocié con las mujeres heroicas de tiempos pasados, sin darme cuenta, tal vez, de tanto valor presente. Hilda Llerena Pérez, con 66 años de edad que no menguan su vigor reluciente, tiene un privilegio que no debe compartir con muchas otras madres cubanas. En Ciego de Ávila, al menos, es la única, y quizás en todo el país no exista otra que haya hecho empinarse hacia el internacionalismo a seis de los 12 hijos que amamantó. Abuela en 32 ocasiones, bisabuela en cuatro, asegura sin sonrojo que cuando tuvo a Silvio, el primer hijo, hoy con casi 50 años de edad, jamás pensó que este cumpliría misión. "Sin embargo", asevera, "salió para Angola en septiembre de 1984. Antes que él lo hicieron Isidoro, en 1981, y Ramón, quien partió un mes después. A estos dos los tuve juntos allá y pudieron verse una sola vez". En ocasiones se detiene y medita ante una fecha. "Hijo, a veces la mente no me acompaña", mas la observo y me doy cuenta de que los recuerdos los tiene bien atados a los hilos de la memoria. "Siempre una misión de un hijo representa un momento difícil para cualquier madre, y si van regresando ilesos, entonces una piensa que en cualquier momento puede llegar la noticia fatal, más si sabes que fueron a la guerra. "Yo, tranquila y orgullosa. A ellos nadie los obligó. Fueron por convicción. Incluso, Bernardo, el último que fue allá por el 89, entró por la puerta y me soltó a quemarropa: `Mañana me voy para Angola'. `¿¡Pero, cómo!?', le dije. `Si cinco de mis hermanos cumplieron misión, yo también me voy', y se marchó. "Jesús, ese que hoy es teniente coronel de las FAR, el más joven de todos, me la hizo peor, y después recorrió medio Angola. Me enteré de su misión por una carta cuando estaba allá. Después supe que él no quiso decirme nada porque cuando partió hacía solo seis meses que habíamos perdido en Nicaragua a Orlando, integrante del MININT. Parece que temió a alguna actitud negativa de mi parte, pero al contrario, aquello me dio fuerzas. "Fíjate si fue así, que una vez vino de pase y al tercer día, después de la fiestecita familiar, le dije: `Recuerda que ya es hora de que vayas sacando pasaje, no vaya a ser que no puedas salir a tiempo y te pongan un incumplimiento'. "Y cumplió bien. Hasta estuvo en Cuito Cuanavale, en las caravanas, cuando se preparaba la ofensiva final contra los sudafricanos que invadieron ese país." Acto seguido me confesó que los quiere a todos por igual, aunque ahora solo le quedan nueve, pues, además de Orlando, una hembra y otro varón murieron en Cuba. Hilda está curada de todas las heridas. Sentada en un sillón en el portal de su casa recuerda aquel placer que le daba verlos salir para la escuela, "uniformaditos y todo. Era como una escalerita: el más chiquito, el otro, después el otro, el otro, el otro y... así no quedó uno sin estudiar". |
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