Más allá del festín
ANDRÉS D. ABREU
Muchos
invitados y mucho público adentro y afuera como en su primera función.
Mucho jolgorio y mucho desenfado como siempre fue sobre el escenario del
Trianón. Mucha música y mucho de espectáculo contemporáneo para
entonar en estos tiempos la vieja historia de la tremenda alcahueta
Celestina. Mucho festín para todos los confabulados y asistentes luego de
100 funciones de una estruendosa, provocativa e irreverente puesta
teatral.
Pero más allá del
divertimento agradecido de halagos e improperios, de las todas críticas
(a favor o en contra) exacerbadas por la transgresión innegable y el
éxito de taquilla; más allá de esa última noche de lunetas y escenario
compartido por eternas, grandes y jóvenes figuras del teatro cubano y del
arte en general; y más allá del bailoteo final con Danny Losada y su
Timba Cubana, lo que se lleva La Celestina para su paz, después de
la rumba sobre su tumba, es el haberles dado nuevamente a las tablas
cubanas una temporada grande de teatro. En momentos en que las artes
escénicas y sus plazas de presentación se proponen y se atreven a
competir como sitio de preferencia para las noches capitalinas, apareció
en enero de este año esta vieja hechicera, bajo un conjuro entre Fernando
de Rojas y la compañía Teatro El Público, que dirige Carlos Díaz. De
ese mejunje teatral de lo cubano y lo universal, que agradece los aportes
históricos y presentes de muchos involucrados, bebió tanta gente durante
nueve meses, que ahora, tras su partida o receso temporal, ha dejado una
extensa y afortunada lista de nuevos adictos al teatro.
Director
de la compañía
Teatro El Público Carlos Díaz.
"No
puede dejar de verse" o "No te la pierdas", u otras frases más
especializadas o populares fueron tejiendo un entramado heterogéneo de
espectadores que hasta el pasado domingo estuvieron tentados por la
barahúnda del suceso. Desde jóvenes muy jóvenes y adultos bien adultos
alargaron las colas para acceder al Trianón.
¿Cuántos son los que
recordarán a La Celestina como su primera vez ante lo teatral y como el
motivo para volver a adentrarse reiteradamente en otras salas? Seguro son
muchos y no pienso que para nadie haya significado una última vez. Cierto
que el choteo como ruptura y lo erótico como desmesura pudieron aportar
al ámbito de lo atractivo y también a ciertas contradicciones de
opinión, pero también el Rigor en abundancia que marca la actitud de El
Público complementaron la validez artística de esta propuesta actual y
sus 100 funciones en cartel.
El suceso habanero de La
Celestina abre la certidumbre de que las temporadas teatrales, que
tanto insiste y estimula recuperar el Consejo Nacional de las Artes
Escénicas, son posibles en el contexto cultural cubano de hoy. No es que
toda obra necesite y deba alcanzar tales dimensiones ni que se pague a
caro precio la extensión o el populismo de una obra, sino que desde la
más inteligente creatividad se cocine el arte capaz de mover al ser
humano más allá del recorrido cotidiano de la casa al trabajo y
viceversa, y lo sitúe en una butaca vacía frente a unas tablas donde se
le brinde ese otro sustento que desde el espíritu ayuda a vivir. Por ahí
ya Teatro El Público y La Celestina hicieron de las suyas.
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