Nacionales
Internacionales
Culturales
Deportivas
24/09/2002
Portada de hoy

Más allá del festín

ANDRÉS D. ABREU

Muchos invitados y mucho público adentro y afuera como en su primera función. Mucho jolgorio y mucho desenfado como siempre fue sobre el escenario del Trianón. Mucha música y mucho de espectáculo contemporáneo para entonar en estos tiempos la vieja historia de la tremenda alcahueta Celestina. Mucho festín para todos los confabulados y asistentes luego de 100 funciones de una estruendosa, provocativa e irreverente puesta teatral.

Pero más allá del divertimento agradecido de halagos e improperios, de las todas críticas (a favor o en contra) exacerbadas por la transgresión innegable y el éxito de taquilla; más allá de esa última noche de lunetas y escenario compartido por eternas, grandes y jóvenes figuras del teatro cubano y del arte en general; y más allá del bailoteo final con Danny Losada y su Timba Cubana, lo que se lleva La Celestina para su paz, después de la rumba sobre su tumba, es el haberles dado nuevamente a las tablas cubanas una temporada grande de teatro. En momentos en que las artes escénicas y sus plazas de presentación se proponen y se atreven a competir como sitio de preferencia para las noches capitalinas, apareció en enero de este año esta vieja hechicera, bajo un conjuro entre Fernando de Rojas y la compañía Teatro El Público, que dirige Carlos Díaz. De ese mejunje teatral de lo cubano y lo universal, que agradece los aportes históricos y presentes de muchos involucrados, bebió tanta gente durante nueve meses, que ahora, tras su partida o receso temporal, ha dejado una extensa y afortunada lista de nuevos adictos al teatro.

Director de la compañía 
Teatro El Público Carlos Díaz.

"No puede dejar de verse" o "No te la pierdas", u otras frases más especializadas o populares fueron tejiendo un entramado heterogéneo de espectadores que hasta el pasado domingo estuvieron tentados por la barahúnda del suceso. Desde jóvenes muy jóvenes y adultos bien adultos alargaron las colas para acceder al Trianón.

¿Cuántos son los que recordarán a La Celestina como su primera vez ante lo teatral y como el motivo para volver a adentrarse reiteradamente en otras salas? Seguro son muchos y no pienso que para nadie haya significado una última vez. Cierto que el choteo como ruptura y lo erótico como desmesura pudieron aportar al ámbito de lo atractivo y también a ciertas contradicciones de opinión, pero también el Rigor en abundancia que marca la actitud de El Público complementaron la validez artística de esta propuesta actual y sus 100 funciones en cartel.

El suceso habanero de La Celestina abre la certidumbre de que las temporadas teatrales, que tanto insiste y estimula recuperar el Consejo Nacional de las Artes Escénicas, son posibles en el contexto cultural cubano de hoy. No es que toda obra necesite y deba alcanzar tales dimensiones ni que se pague a caro precio la extensión o el populismo de una obra, sino que desde la más inteligente creatividad se cocine el arte capaz de mover al ser humano más allá del recorrido cotidiano de la casa al trabajo y viceversa, y lo sitúe en una butaca vacía frente a unas tablas donde se le brinde ese otro sustento que desde el espíritu ayuda a vivir. Por ahí ya Teatro El Público y La Celestina hicieron de las suyas.

24/09/2002

Subirtop.gif (129 bytes)

Portada de hoy