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12/09/2002
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Enumerador de altura

Ramón Barreras Ferrán

CUMANAYAGUA, Cienfuegos.— La casita en la cima de la loma parece salida de una de las obras de nuestros mejores paisajistas. A ella se llega por un estrecho trillo entre arbustos y cafetos. Está en el corazón mismo del Escambray, en uno de los puntos más altos del macizo montañoso del centro del país.

Rosendo y su familia siempre han vivido allí. Por la lejanía y lo intrincado del lugar no reciben visitas con frecuencia. "La doctora de la familia viene a cada rato y algún amigo que ande por esta zona recogiendo café o detrás de una bestia perdida". Sin embargo, ayer llegó un joven hasta ese momento desconocido para ellos, con una mochila al hombro. Saludó cortésmente y pidió —"por favor"— un vaso con agua. "Esa lomita se las trae", dijo con evidente falta de aire.

La esposa de Rosendo, mujer atenta y servicial como todos los que viven en la serranía, trajo también un buche de café acabado de colar. "Yo soy el enumerador del Censo de Población y Viviendas", dijo de nuevo el joven, mientras de su mochila sacaba una tarjeta de identificación. "Lo estábamos esperando..., ya nos habían dicho que usted venía en cualquier momento", señaló Rosendo.

El muchacho sacó una planilla y un bolígrafo de la mochila y comenzó a preguntar. Poco a poco Rosendo y su mujer fueron respondiendo cada interrogante con seguridad. Nada quedó sin respuesta. El enumerador les agradeció la gentileza y se puso de pie. "Todavía me quedan varias viviendas en esta zona y tengo que caminar bastante", dijo.

"Espere un momento", apuntó Rosendo mientras levantaba el brazo con la palma de la mano hacia arriba. "Le vamos a dar otro buchito de café". El joven le agradeció de nuevo las atenciones y volvió a coger el trillo para llegar a otra casa un poco más abajo.

Una experiencia nueva para Mariela

Enrique Atiénzar Rivero

Foto: JORGE LUIS TÉLLEZCAMAGÜEY.— Mariela García Arcas era pequeñita cuando se hizo el primer censo, después del triunfo de la Revolución —contaba con siete años—, y en el segundo, en 1981, apenas tenía 12, por eso la vivencia le resultaba muy remota, simples referencias.

En cambio, con 33 años cumplidos entró por la puerta ancha como supervisora del Censo. Los dos enumeradores que atiende, alumnos del instituto politécnico ferroviario Cándido González, después de iniciales imprecisiones, han afianzado el trabajo en el área 21, distrito 272, del reparto Saratoga, una barriada, distante del centro histórico de la ciudad, y densamente poblada.

Mariela mucho ha tenido que caminar en estos días, pero antes, vencer la distancia de varios kilómetros, pidiendo botella entre el reparto Julio Antonio Mella, donde vive, hasta este punto, en el que cambia el lenguaje de profesora de circuito eléctrico del Politécnico por estos nuevos códigos de preguntas y respuestas.

"Estoy segura que el Censo va a ser efectivo ciento por ciento", comenta.

En la avenida principal de Saratoga quedó Mariela, integrante de este gran ejército que hasta el 16 estará tocando la puerta de sus casas.

12/09/2002

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