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A cargo de GUILLERMO CABRERA ÁLVAREZ El motivo que me anima a escribir a la sección es muy fuerte, humano y conmovedor, y no puedo dejar pasar el tiempo y que todo quede en el olvido. Encontrándome de vacaciones en Jatibonico, pues soy de La Habana, en la madrugada del sábado 15 de junio, cuál no sería mi sorpresa al regresar al pueblo y percatarme de que los vecinos en su mayoría estaban fuera de sus casas y se murmuraba que la presa Lebrije se iba. Unas dos horas más tarde, por orientación directa de nuestro Comandante en Jefe, se procede a evacuar a todo el pueblo de Jatibonico y áreas aledañas hacia lugares que ofrecieran más seguridad a la población. A mi primo y a mí nos trasladaron en una guagua hacia Arroyo Blanco, distante unos 14 kilómetros. Ya en ese poblado, se empezó a distribuir a las personas por las escuelas primarias, secundarias, tabaquerías, campamentos de exploradores, y a diferentes casas de familias que se brindaban voluntariamente y donde llegaron a estar hasta 20 albergados. Quiero plasmar aquí —y lo digo con todo mi corazón, con sinceridad y gratitud—, que me llevé tremenda impresión, cariño, admiración, afecto, fraternidad y todo lo bueno y lindo de esta vida, de ese pueblo de Arroyo Blanco que, gracias después de todo, conocí muchas familias. Pero no me perdono si en esta carta de gratitud, no menciono a las Marianas Grajales de la cocina, esas mujeres que teniendo esposos e hijos, no vacilaban en entregar su esfuerzo cotidiano. Se acostaban a las 02:00 y a las 06:00 ya estaban en la cocina para que la leche de los niños y la comida de todos los evacuados estuviera a tiempo. A los camioneros que trasladaban las piedras hacia la presa. A los ingenieros, a los que distribuían los alimentos, al gobierno municipal, al Partido, a las provincias de Ciego de Ávila y Sancti Spíritus, y a la querida radio de Sancti Spíritus con sus mensajes a cada minuto. Quiero agradecer también al buen desarrollo y organización en los días en que estuvimos evacuados. Pero aparte de todo quiero mandar un saludo y un abrazo a las personas que nos acogieron en su casa y nos dieron una atención esmerada, como es de esperar en ellos. Estas personas se nombran Gilberto Coca y su esposa Yaney, y un besito a su hija Linda. Dejé para el final la felicitación y un saludo especial para esa persona tan querida por todo nuestro pueblo; él, que todos los días se interesó por nuestra salud, alimentación, por las condiciones de alojamiento, por los niños, las embarazadas, las personas de más edad, por todos. Esa persona solo tiene un nombre: Fidel. (Abel Campanioni Jaramillo, Ciudad de La Habana) COMPUTACIÓN EN ESCUELA ESPECIAL Desde mediados del curso 2000/2001, y durante el 2001/2002, nuestros hijos, de la escuela especial para trastornos severos del lenguaje Miguel B. Díaz Santamaría, tuvieron la dicha de ser atendidos de una manera muy especial por la maestra de Computación, Elaime Masique, quien más allá de sus funciones como maestra, se desempeñó de forma muy profesional como terapeuta de ese grupo de niños. En todo este período hemos apreciado grandes avances en nuestros hijos, ya que Elaime, con método novedoso, impregnando de gran dinamismo las terapias, con muchos deseos de trabajar, y dedicando gran parte de su tiempo libre a esta labor, ha logrado en ellos el desarrollo de habilidades y una motivación muy positiva por la escuela, lo que ha repercutido favorablemente en el proceso de enseñanza y aprendizaje de estos niños, con necesidades educativas especiales. Es esta la razón que nos ha llevado a hacerle esta carta. No es más que nuestro modesto, pero sincero agradecimiento por tanto amor, sensibilidad, ternura y por sobre todas las cosas, dedicación. (Firman padres y madres, y junto a sus firmas, los nombres de sus hijos: Ana María, Daniela, Tomy, Sulen, Orfilio, Yadira, Said, Raidel) Escríbanos: |
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