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03/09/2002
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Fouché, hombre-corcho universal

Antonio Paneque Brizuela

Joseph Fouché, quizás el principal símbolo clásico del "hombre-corcho" universal, artífice de la hipocresía humana y de la doblez dirigida a un propósito, habitante prefabricado de todos los partidos y gobiernos de su época, fue sin embargo un genio de la política que movilizó a los biógrafos, despertó la admiración de otros genios y, como las enfermedades mortales, se ha convertido en objeto de estudio para aquellos que defienden la salud del corazón humano.

Stefan Zweig.

Más o menos eso pensó el austríaco Stefan Zweig cuando escribió y publicó luego (1919) su Fouché (según él "el tipo maquiavélico más perfecto de la época moderna" y "el carácter más interesante de su siglo"), que entonces provocó un impacto espectacular y no lo ha dejado de tener durante estos 100 años en que su autor ha sido traducido a 50 idiomas y su obra estudiada, entre el encomio y la diatriba, por tirios y troyanos.

Pero el talento excepcional del francés camaleónico, había sido apreciado antes por inteligencias no menos trascendentes como Honorato de Balzac, o Louis Madelins, autor de una biografía monumental donde aparece delineada por primera vez en justa dimensión, la personalidad de Fouché y uno de los investigadores que más elementos trasladó a la posteridad.

Balzac valoraba del famoso intrigante "su genio peculiar, que causaba a Napoleón una especie de miedo, (...) uno de los hombres más extraordinarios y al mismo tiempo más erróneamente juzgados de su época" y aseguraba que "ni sus colegas de entonces ni los de antes podían imaginar el volumen de su genio, que era, sobre todo, de hombre de gobierno, que acertaba en todos sus vaticinios con increíble perspicacia".

Centenares de veces ha sido publicada durante estos cien años en el mundo entero este Fouché de Zweig, que ahora aparece nuevamente en Cuba en un formato sencillo pero accesible, la Biblioteca Familiar, segunda edición en menos de dos años, prologada por la misma investigadora, Olga Sánchez Guevara, quien lo tradujo y epilogó en 1999 (Ediciones Huracán) y nos recuerda ahora varios pasajes de la vida de ese autor.

Nacido en Viena en 1881 y muerto por suicidio en Brasil, tras huir del fascismo que lo persiguió por judío y quemó sus libros, Stephan Zweig es uno de los intelectuales austríacos más conocidos en el mundo, junto a Johann Strauss y Sigmund Freud.

Se ha hablado mucho del porqué de sus triunfos literarios, campo en el que abordó también el cuento y la noveleta, pues no fue un innovador ni experimentó con el idioma, amén de que muchos han censurado "su estilo a veces grandilocuente" y "el carácter apolítico de su humanismo". Se dice que su acierto se basaba en una exquisita síntesis, al llevar a 200 páginas, por ejemplo, un borrador de 1 000.

Sobre esta biografía del gran cínico francés ha dicho Sánchez Guevara: "Fue un éxito sensacional, su tensa estructura narrativa, así como la profundidad y acierto en la caracterización psicológica de los personajes, hacen de Fouché una de las más convincentes biografías de Zweig y una de sus más logradas creaciones literarias".

03/09/2002

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