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Juan José, innovador premiado Mi trabajo es el concreto ALEXIS SCHLACHTER "Si el 11 de septiembre del 2001 las Torres Gemelas de Nueva York hubieran estado construidas de hormigón, el impacto de los dos aviones habría tenido consecuencias menos catastróficas. La armazón de acero literalmente se derritió, como mantequilla puesta al fuego, y entonces sucedió el desplome que tantas víctimas cobró. Con una construcción basada en el hormigón, otra hubiera sido la historia".
Así lo asegura el ingeniero cubano Juan José Howland Albear, especialista de larga experiencia del Ministerio de la Construcción (MICONS). Y este innovador de 51 años de edad sabe de lo que habla. En el pasado XIII Forum de Ciencia y Técnica obtuvo las condiciones de Relevante y Distinguido por su ponencia acerca, precisamente, del hormigón y la estrategia para el rescate, renovación y automatización de las plantas productoras de este material constructivo, que muchas personas denominan concreto. — ¿Qué novedad aportó la investigación? —"En este trabajo, y por primera vez, se hicieron especificaciones en un país del Tercer Mundo acerca de los requerimientos ecológicos mínimos para tales plantas: cómo controlar la emisión de polvo y de otras sustancias químicas agresivas a la atmósfera, disminuir el ruido ambiental, recuperar el agua de lavado de las tamboras de los camiones hormigoneros. Fruto directo de la puesta en práctica por el MICONS de estos parámetros innovadores han sido las plantas productoras totalmente ecológicas de Las Palmeras, en Matanzas, y la Machaco Ameijeiras, de Guanabacoa, aquí en la capital." Poco a poco el resto de las 119 plantas que tiene bajo su responsabilidad este Ministerio accederá a las innovaciones del ingeniero Howland, quien ha puesto en el centro de su creación la necesidad de que la producción de hormigón sea una especialidad respetada e independiente y no simple servicio a la cola de las necesidades constructivas. "Durante años, el trabajo de preparación del hormigón no estuvo en el lugar que le corresponde por derecho propio dada su importancia clave en cualquier proceso constructivo", expresa Howland. — Esa investigación puso en su sitio a nivel nacional el tema del hormigón... —"Era necesario, más aún, imprescindible desde el punto de vista económico..." El ahorro por la paulatina generalización de las ideas del ingeniero Howland es impresionante. Por cada nueva planta de producción de hormigón, el país ahorra 119 200 dólares y 17 640 toneladas de cemento, que ya no se pierden en anticuados procesos productivos (volumétricos). Por la reducción total del número de plantas en funcionamiento, un ahorro de más de 800 000 kW/h anuales. Y algo muy importante, diría que clave: la calidad aumenta y se estabiliza, sin contar con que las condiciones laborales mejoran sensiblemente por la organización interna del trabajo. — ¿Qué es para usted trabajar el hormigón? — "Lo es todo en mi vida. Allá por los finales del siglo XIX nació en Francia ese importantísimo medio de construcción llamado a darle perdurabilidad a la obra humana. Cemento, arena, piedra, agua, aditivos químicos y la presencia del acero de refuerzo, componen esa masa grisácea mediante la cual es posible construir con casi un siglo de perdurabilidad, y aún más. Yo añadiría que hay una belleza perdurable y visible para todos cuando contemplamos cualquier obra realizada en hormigón armado. Mi trabajo es ese precisamente: ofrecerle a la imaginación de los constructores, ingenieros y arquitectos un material capaz de plasmar sólidamente sus creaciones más audaces y hermosas en bien del ser humano." Y el ingeniero Howland, un hombre del concreto, sabe lo que significa dedicar su vida a este producto; en 1995 hizo su doctorado acerca del perfeccionamiento del hormigonado en Cuba — ¿Su mayor satisfacción y orgullo? — "Haber recibido de manos del Comandante en Jefe el reconocimiento a mi modesta ponencia en el XIII Forum...". |
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