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10/08/2002
Portada de hoy

A 45 años del asesinato de Luis y Sergio

La revolución hizo realidad sus sueños

RONAL SUÁREZ RAMOS

"No tenemos más que nuestras vidas, avaladas con la honradez de un pensamiento justo y una obra inmensa que realizar y como ofrenda de devoción y desprendimiento la hemos depositado en los brazos de la Revolución cubana
—justa, grande, renovadora, honrada, socialista— sin más esperanza que ver algún día cumplidos estos sueños que hoy, en plena juventud y calor de lucha, llevamos a estas cuartillas."

Foto: PEDRO SOROAEl recuerdo de Luis y Sergio, permanente 
en Esther, la amorosa madre.

Así expresaban en el manifiesto Por qué luchamos, devenido su testamento político, los hermanos Luis y Sergio Saíz Montes de Oca, tres meses antes de que fueran vilmente asesinados por la tiranía batistiana en su natal San Juan y Martínez, el 13 de agosto de 1957.

El horrendo crimen estremeció a toda la sociedad pinareña y trascendió al resto del país, sobre todo conmocionó al estudiantado universitario de la capital, ámbito en el que Luis era muy conocido.

TODO PREMEDITADO

El día anterior, una mujer que había viajado desde Pinar del Río en un auto de alquiler, se presentó ante Esther, la madre, para alertarle que en el mismo vehículo habían llegado a San Juan y Martínez dos hombres vestidos de civil, cuyos rasgos eran característicos de los guardias, y al pasar frente a la casa de los Saíz uno comentó en voz baja al otro: "Ahí es donde viven los hijos del juez".

"Salí en busca de los muchachos, que a esa hora efectuaban una reunión del Movimiento 26 de Julio a bordo de un barco pesquero en Boca de Galafre. Les conté lo sucedido y les pedí que no volvieran a salir de la casa.

"Ellos accedieron, pero me expresaron que al día siguiente no podrían complacerme, pues sería el cumpleaños de Fidel y se proponían celebrarlo con una acción."

El 13 de agosto, después de haber comido, ayudan a Esther, como era habitual, a fregar los cubiertos. Ante la preocupación de la madre, la besan y se despiden diciéndole: "No temas, algún día te vas a sentir orgullosa de nosotros".

En el portal del cine situado en la calle Estévez casi esquina a Francisco Rivera, un esbirro de la tiranía intenta registrar a Sergio; la provocación forma parte del complot. Desde la acera opuesta sale Luis increpando a la bestia; suena el primer disparo que lo abate instantáneamente. "Si mataste a mi hermano, mátame a mí también", exclama Sergio mientras desabotona de un tirón su camisa y muestra el pecho desnudo al asesino.

Foto: DIEGO ESTRELLALa sala de la casa convertida en museo 
y declarada Monumento Nacional.

Mas, no hacía falta, esa era la encomienda del sicario. Una segunda bala, a boca de jarro, termina con la vida del más joven de los hermanos Saíz Montes de Oca.

"No habían transcurrido cinco minutos de la partida de los muchachos, cuando vi personas que corrían, pensé que se trataba de un incendio y salí a la calle, entonces escuché a una mujer que decía: ¡Pobrecita, no sabe que son sus hijos!

"En la casa de socorro, el médico de guardia, cuñado mío, me apretó las manos y me dijo: 'Esther, tus hijos están muertos"', rememora esta mujer, toda entereza, quien a los 91 años de edad continúa siendo una activa revolucionaria.

REVOLUCIONARIOS DE IDEAS Y ACCIÓN

Luis había cumplido 18 años, cursaba el segundo año de Derecho y al mismo tiempo, el primero de Filosofía en la Universidad de La Habana. Sergio tenía 17 y tras terminar el bachillerato en el único Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río, se preparaba para optar por la carrera de Medicina.

Ambos poseían una cultura muy superior, dada por lo mucho que leían y por lo observadores que eran de la realidad circundante. Hijos únicos, nacidos y criados en una familia de clase media, pero con profundas raíces patrióticas, desde muy pequeños mantuvieron una posición vertical frente a los males de la seudorrepública.

Siempre rechazaron ir a colegios privados a pesar del deplorable estado en que se encontraba la enseñanza pública; allí, en la escuela donde Esther ejercía como maestra, junto a los niños descalzos y de ropas zurcidas, comenzaron a identificarse con los desposeídos.

Con su padre, el doctor Luis R. Saíz Delgado, hizo Luisito su primer viaje a Estados Unidos, que después repetiría toda la familia, no a deslumbrarse con los adelantos de la sociedad de consumo, sino a conocer su historia y realidades, dejando más tarde constancia de su inconformidad con aquel sistema, y en particular con la discriminación racial.

A pesar de su temprana desaparición física, dejaron una fructífera obra literaria y política que combinaron con la acción revolucionaria y con sus características de estudiantes sobresalientes.

POR UNA REVOLUCIÓN MARTIANA Y SOCIALISTA

Con tan corta existencia, llegaron a la conclusión de que en Cuba era necesaria una revolución martiana y socialista, cuya proyección quedaba plasmada en el manifiesto Por qué luchamos, escrito por Luis, pero suscrito por ambos.

En tan premonitorio documento analizan la situación imperante, plantean la lucha contra la desigualdad, sobre la que sintetizan: "Solo podrá haber distinción en la Cuba Revolucionaria, entre cubanos dignos y cubanos indignos".

Prevén sistemas de educación y salud estatales en los que, tanto la escuela como el médico, estuvieran al alcance de todos, y se pronuncian por una profunda reforma agraria.

Atacan al vicio, y particularmente al juego que, con la complicidad del régimen dictatorial, se extendía por el país hasta hacer de Cuba "un inmenso garito"; proyectan el desarrollo del comercio y las relaciones exteriores con todos los países en un plano de igualdad y respeto mutuo, y auguran una prensa revolucionaria "trinchera decidida de las causas populares".

"No queremos más muñidores electorales, ni sargentos políticos, ni asambleas compradas, ni carnés robados, ni falsas promesas en boca de los traidores eternos", expresan al denunciar la politiquería oportunista y entreguista que caracterizó a la república neocolonial.

Tan tempranamente presienten la reacción imperialista, no obstante la cual abogan por la necesaria nacionalización de las riquezas, y al respecto apuntan: "Aunque este último sistema traería como consecuencia serios problemas diplomáticos y acaso se podría intentar repetir la `operación Guatemala', si la Revolución está bien adentrada al pueblo, como lo estará, pueden lograrse los fines sin más contratiempos..."

Cuarenta y cinco años después, Esther no vacila al asegurar "hoy estarían con la misma fuerza de sus principios e ideales al lado de la Revolución y en el lugar que se les hubiera asignado".

"Tengo la tranquilidad de que conocí sus pensamientos y la Revolución ha cumplido en todo momento los ideales por los que ellos lucharon. Luisito dijo que los días difíciles vendrían después del triunfo para evitar que las conquistas se perdieran; tanto él como Sergio tenían la seguridad de que no iban a ver la victoria y nos prepararon para hacer lo que ellos no podrían.

"Eso es lo que su padre (ya desaparecido) y yo hemos tratado de hacer todos estos años, defender y continuar sus ideas, materializadas por la Revolución a la que ellos entregaron lo más preciado.

"Nunca midas la utilidad de una vida por su largo, sino por la obra que se realiza, si mañana nos matan y contribuimos con ello a que Cuba sea libre, para nosotros será como si hubiéramos sido eternos", habían dicho los valerosos revolucionarios. Ese mañana llegó, la historia los recogió en sus páginas y los ha eternizado.

10/08/2002

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