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El éxito asfixiante del mercado total JOAQUÍN RIVERY TUR
Desde el punto más al Norte hasta el extremo Sur, la enorme masa geográfica y humana se revuelve carcomida por una crisis tras otra, que son como cánceres en lento proceso de devorar un cuerpo. En un solo día, repentinamente, el éter es surcado por informaciones similares de muchos países. Argentina, Uruguay y Brasil extienden la mano y ruegan al inconmovible Fondo Monetario Internacional, completamente controlado por Estados Unidos, la limosna de un préstamo para poder seguir viviendo de préstamos, y poder continuar pagando una deuda cien veces pagada ya a la usura bancaria del planeta. El gran temor de todos en las capitales gimientes es que repentinamente los inversionistas vuelen con su dinero de tráfico cibernético hacia otras tierras. Sucede, claro, y entonces las monedas locales se debilitan, el dólar se dispara y los bancos centrales se resienten y pierden sus reservas al tratar de contener la sangría. Requieren de otro préstamo más. Argentina está en su peor momento, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Paul O'Neill, se niega a dar su aval al gobierno de turno en Buenos Aires y, por tanto, el acuerdo con el FMI se dilata y se demora mientras el Fondo sigue presionando. Las palabras sobre Brasil y Uruguay son más suaves, más positivas (aunque O'Neill dijo que tenía miedo de que el dinero fuera a parar a bancos suizos; desconfía el hombre), pero de todas formas no abren la cartera tan fácilmente, sobre todo porque las sumas que requería Brasil eran del orden de los 20 000 millones de dólares y Uruguay 3 000 millones. Lo recibieron, pero con muchas condiciones. El caso colombiano es interesante, porque habrá crecimiento económico en el 2002, según los cálculos oficiales. Será ínfimo, pero habrá algo, aunque los anuncios de medidas para aumentar la guerra interna, de acuerdo con el Plan Colombia norteamericano, no sean precisamente atractivos para el capital extranjero, que se preocupa de todas formas cuando ve que la deuda externa pasa, entre marzo y julio, de casi 39 000 millones a algo más de 42 000 millones. El riesgo crece y así es muy difícil evitar que la moneda caiga un 14% en los primeros siete meses del año. Las recetas económicas aplicadas en América Latina son para reforzar el mercado. Eso, por ejemplo, es lo que hace Jorge Batlle en Montevideo, a pesar de las protestas. La misma estrategia se sigue en Perú, aunque a veces las sublevaciones impidan privatizar alguna empresa, igual que en la llamarada campesina del Paraguay depauperado, donde el Fondo promueve reformas económicas que, si la población no revienta en demandas, sería como un suicidio aceptarlas. De todas formas las llamadas políticas de mercado no caminan, son impuestas. Gracias a esas fórmulas de ajuste, no hay crecimiento económico en la región; no habrá. Increíble. El "éxito" del neoliberalismo es tal que en América Latina y el Caribe hay más pobres que nunca. Incluso nadie se asombra cuando las estadísticas argentinas muestran un 30% de desempleo, aunque no se trate de los manipulados índices oficiales, que reducen nueve puntos a la cifra. Y si las pantallas de televisión muestran a los pobres de la provincia de Buenos Aires alimentándose en basureros, ninguna delegación del FMI se inmuta. Ellos cumplen su trabajo cuando aprietan a los gobiernos y les dicen: reduzcan gastos sociales. Los números trágicos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL, organismo de la ONU) son como un golpe: 3% de contracción en el primer semestre de este año. Es decir, se decreció. Y para todo el 2002 el pronóstico es de una contracción del 0,8%, pero es muy posible que las revisiones futuras de la realidad vayan aumentando esa cifra hacia el final del año. No queda para los cinco meses restantes de este calendario la esperanza de que Estados Unidos tenga alguna recuperación y empuje a los demás, pues sus cifras oficiales indican un crecimiento económico de solamente el 1,1% en el segundo trimestre del año en medio de una tormentosa retirada de inversiones por parte del capital extranjero. También a ellos les toca. Todo va para peor, pues mientras Washington tenga la turbulencia dentro de su propia economía no tendrá ni buscará tiempo para dedicarlo a América Latina. El hambre del Sur no lo inquieta. A Eduardo Duhalde, el presidente de Argentina que cede una y otra vez a los reclamos del FMI, viendo el caos económico, político y social en que se sume más y más su país, no le ha quedado más remedio que reconocer: "...el modelo económico que hemos puesto en vigencia hace ya años colapsó". También expresó otro aserto tajante: "Es evidente que tenemos que cambiar". Hay fuerzas, pensadores, completamente conscientes de esa verdad hace tiempo. Pero la idea nítida de la deshumanización implícita en el neoliberalismo no ha sido aceptada por los gobernantes. Ninguno habla de encontrar una alternativa. Ninguno lo intenta. La crisis se profundizará más y las sociedades latinoamericanas estallarán y, si no aparecen mentes racionales y líderes dispuestos a emprender un giro, sin dudas, sucederá. |
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