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Todo comenzó por Mangoré Aldo Rodríguez sembró el interés por la Escuela Cubana de Guitarra en Centroamérica Pedro de la Hoz
El maestro cubano, portador de los principios pedagógicos fundados por Clara Romero e Isaac Nicola a partir de la valiosa herencia hispánica, sembró ese interés a profesores y alumnos del Centro Nacional de Arte (CENART), de San Salvador, y ofreció dos conciertos que gozaron de una amplia difusión y una cálida recepción. La primera presentación de Rodríguez ocupó el Teatro Presidente, una de las dos mejores plazas escénicas del país, con la que inauguró la temporada de la Orquesta Sinfónica Juvenil, dirigida también por un cubano, el maestro camagüeyano Julián Blanco.
También con orquesta, en este caso la de Cámara de San Pedro Sula, se dio un salto hasta esa ciudad costera hondureña, donde ejerce la dirección artística del colectivo José Iglesias, por mucho tiempo concertino de la Orquesta Sinfónica de Camagüey. "Todo fue muy vertiginoso —comenta Aldo de regreso a La Habana—, puesto que a mi programa docente se le añadieron las presentaciones, dada la avidez del público de esos países por conocer de primera mano lo que sucede con la guitarrística cubana." "En El Salvador —explica— hay un apreciable movimiento en torno al instrumento, que pudiera irradiarse hacia Guatemala, Honduras y los restantes países de la región. En Suchitoto todos los años organizan un festival internacional. Estando allí uno comprueba que los métodos pedagógicos desarrollados entre nosotros facilitan la comprensión y el aprendizaje de la técnica de la guitarra. De hecho, algunos salvadoreños están pensando en conseguir becas en el ISA y nuestros conservatorios de nivel medio." Sin embargo, tan importante como dar es recibir, y el caso de Aldo, un estudioso de las raíces y la historia del instrumento, hecho demostrado en sus obras sobre Isaac Nicola y María Luisa Anido, El Salvador le dio la oportunidad de transitar las huellas de los días finales de Agustín Barros Mangoré, el gran guitarrista y compositor paraguayo, que carenó en el pequeño país centroamericano hacia el final de su vida. "Quién sabe —piensa en voz alta el guitarrista, mientras prepara un concierto para octubre próximo en República Dominicana— si el próximo disco sea de obras de Villa-Lobos y Mangoré, quienes con Leo Brouwer forman la trinidad de grandes autores de nuestro continente en el siglo XX. Quién sabe..." |
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