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La parábola de los anillos ROLANDO PÉREZ BETANCOURT
La entrega de la novela del inglés J.R.R. Tolkien es la primera parte de una trilogía ya filmada y cuyas continuaciones se estrenarán en pantallas internacionales este fin de año y el siguiente, también en noviembre o diciembre, atendiendo a razones meramente comerciales.
Pero no es a la película en sí a lo que quisiera referirme, sino a las circunstancias que catapultaron al escenario internacional la novela de Tolkien (1892-1973), diez años después de ser escrita. Principio de un camino inimaginable que terminaría por revelarla como una obra maestra de la literatura fantástica. Hoy no se pone en duda que si bien esa literatura existía antes de Tolkien, el impulso que él le otorga es de una legitimidad contundente. Allí hay elementos que luego serían transitados por importantes autores, entre ellos la lucha entre el bien y el mal en un período histórico situado en el pasado, la afanosa búsqueda de algo, como hilo dramático de primera magnitud, y la magia en función de recurso equiparable a los inventos fantásticos de las historias situadas en tiempos futuros (La influencia de este factor en las exitosas novelas de Harry Porter es más que evidente). Escrita durante la Segunda Guerra Mundial bajo la presión de estar asistiendo a la desmesura de la bestia fascista, Tolkien pensaba que las historias de mitos podían servirle para revelar verdades contemporáneas sobre ciertas oscuridades de la naturaleza humana. Los tópicos de su novela son múltiples, pero el principal es la sombra destructiva que amenaza a la Tierra y la necesidad de que frente a esas fuerzas del mal, las huestes del bien den batallas infatigables. Como era un escritor preciosista, el inglés estuvo reelaborando capítulos y puliendo hasta que finalmente dio a conocer sus entregas entre los años 1954-1955. Aunque en Inglaterra era un autor conocido (escribía desde 1916), El señor de los anillos tiene una difusión limitada en su país y durante diez años pasa a dormir el sueño de los grandes olvidos literarios. Pero no estaba equivocado Tolkien al pensar que desde las fábulas lejanas podían llegar al presente las luces más aleccionadoras. Una edición pirata de su novela llega a las universidades norteamericanas entre 1964-65. Los estudiantes se entusiasman y hacen una lectura política al ver en el libro una parábola de resistencia ante la opresión y una alegato para resistirse a la guerra de Viet Nam. El escándalo mueve al interés general y este a descubrir que El señor de los anillos es una obra maestra en su género. Vendrán las tiradas millonarias en todo el mundo y cuando Tolkien muere, a los 81 años de edad, la misma de Platón, se va con la satisfacción de saber que sus verdades han sido tan conocidas como la del filósofo. Hoy la propaganda se refiere a las enormes cifras recaudadoras del filme, a las dos partes que vendrán y al desempeño de sus actores. Pocos hablan de la parábola. Pero basta con tirar una ojeada alrededor del mundo para saber que el bien y el mal siguen cruzando filos. |
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