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07/08/2002
Portada de hoy

César Vallejo, poesía y prosa

LUIS SUARDÍAZ

El peruano César Vallejo es uno de los poetas más significativos del siglo XX, aunque su hacer no se limitó al verso pues escribió cuentos, dramas, novelas, crónicas y ensayos literarios que completan su perfil. En 1998 la editorial Gente Nueva publicó un volumen titulado César Vallejo de sangre y flor, que ahora reproduce la Biblioteca Familiar con ilustraciones de Arema Arega-Negussie y prólogo de Esteban Llorach. Aquí prevalece, como es natural, su parcela poética, pero se incluyen páginas de su libro en prosa El arte y la Revolución.

Se inicia el cuaderno con su canto de madurez España, aparta de mí este cáliz, escrito entre 1936, año en que comienza la Guerra Civil en la península, y 1937, y continúa con lo más sobresaliente de toda su obra: Poemas humanos, cuyos primeros exponentes datan de 1923 —ese año Vallejo cumpliría 33— y los últimos de 1938, poco después la muerte le ganaría la última partida.

Aunque el peruano dejó listo el conjunto que lleva el título de España, aparta de mí este cáliz, el libro —al igual que las páginas que se cobijaron bajo el rótulo de Poemas Humanos— apareció después de su muerte. En vida únicamente dio a conocer poco más de 140 cantos, los 69 de Los heraldos negros y los 77 de Trilce, que fue todo un acontecimiento cuando vio la luz en 1922, y de los cuales la Biblioteca Familiar presenta una buena selección.

En Vallejo de sangre y flor, podemos acceder al intelectual maduro. Estudioso del marxismo desde el mirador europeo, socialista convencido, cristiano cuyos abuelos fueron curas españoles y cuyas abuelas pertenecían a la estirpe de los primigenios peruanos. Apasionado defensor de la república española, enemigo de la explotación, la discriminación, el atropello de los débiles por los poderosos, dijo en versos memorables: no hay Dios ni hijo de Dios sin desarrollo, y al condenar al sistema capitalista, que él consideraba execrable, denunció: La cantidad enorme de dinero / que cuesta ser pobre.

Nicolás Guillén, que lo conoció bien, dejó escrito: Admiro mucho su dramática poesía. Respeto mucho su vida sincera, desinteresada, con hambre y rebeldía. Creo mucho en él.

07/08/2002

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