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Modernizan horno en tejar de Guantánamo Después de 12 años el viejo Hoffman volverá HAYDÉE LEÓN MOYA GUANTÁNAMO.— Acumular más de 3 000 horas de trabajo voluntario en la ejecución de una obra muy importante para la industria guantanamera de materiales de la construcción, habla de la voluntad y calidad humana de un colectivo laboral que decidió asumir el reto de hacer renacer de entre las ruinas, un horno Hoffman paralizado desde hacía más de una década.
Puede llamársele hazaña, o simplemente voluntad de hacer, pero lo cierto es que fue tanto el empuje que se acortaron muchos plazos de ejecución y se ahorraron recursos monetarios, ya que la entidad contaba con un presupuesto de 128 000 pesos para construirlo y solamente empleó 67 000, según dijo el ingeniero Rubert Rodríguez Terrero, inversionista y autor principal del proyecto de reconstrucción y modificación tecnológica que se concretó. El propio Rubert expone un ejemplo: "Las complejas labores de relleno del horno con material aislante estaban previstas para ejecutarse en 75 días, y se concretó en solo 15. Varios obreros acumularon más de 250 horas de trabajo voluntario en sábados no laborables, domingos y en horas de la noche. Pudiera mencionarte varios nombres como los de Euclides López (pailero), Roberto Yoser (mecánico), Librado Wilson (operador de cargador)... o Tania Barrientos, la custodio que en todo el tiempo de construcción cumplía con la vigilancia y protección, y los días de descanso fungía hasta de cocinera". LO QUE JUSTIFICA EL ESFUERZO Desde hacía 12 años el viejo horno Hoffman del también añejo tejar Floro Vistel, ubicado en la zona de La Jabilla, en la carretera que conduce al poblado de Caimanera, estaba paralizado porque por sus características de diseño funcionaba con un combustible sólido de importación (carbón bituminoso), y el cual el país no estaba en condiciones de adquirir. Los escépticos pensaron en la demolición del horno para construir varios pequeños. Pero pudo más la voluntad de echarlo a andar, y junto a un proyecto de reconstrucción y transferencia de tecnología para facilitar su rescate, a partir de la utilización de crudo cubano en el proceso de quemado, llegó la solución financiera del Ministerio del ramo. Esta incluye ampliaciones que ascienden a cerca de un millón de pesos y casi 700 000 dólares. "Se requirió —apunta el ingeniero Rubert— demoler todas las torres de las aspilleras, construir y modificar el diseño de las válvulas de tiro de la chimenea y de regulación de los gases calientes, rellenar con más de 1 300 metros cúbicos de material aislante, en este caso arcilla de la localidad en sustitución de arena sílice que anteriormente se trasladaba al territorio desde Pinar del Río, y finalmente construir el sistema de petrolización. Los hornos existentes generan una producción anual de alrededor de un millón de piezas, y el rescate de este y las modificaciones introducidas dan la posibilidad de obtener en un año 11 millones de surtidos (léanse ladrillos, bloques, losas de azotea, tejas...). Esta obra tiene un principio de funcionamiento de alta eficiencia que permite reducir hasta en un 33% los índices de consumo de combustible (con 10 toneladas de petróleo importado, el conjunto de pequeños hornos de aquí producen 25 000 ladrillos, y el Hoffman, en cambio, 150 000 con esa misma cantidad, pero de crudo cubano). Por otra parte, constituye un salto cualitativo, en tanto el sistema de petrolización, cuyo montaje se hizo a partir de un contrato con una firma foránea, es muy ventajoso por la uniformidad de temperatura en todas las secciones del horno, y por tanto mejor cocción de los elementos; se eliminan los humos de combustión, que anteriormente se escapaban al medio ambiente con toda su carga contaminante, por mencionar algunas de sus mejores características. Por todo ello, cuando se visitan las instalaciones de la cerámica roja Floro Vistel, es frecuente escuchar que el cambio ha sido de la noche a la mañana. |
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