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Por los 90 años de su natalicio Para Virgilio, un cumpleaños feliz ANDRÉS D. ABREU Cuando Virgilio Piñera llamó a Arrufat para nombrarlo su albacea, anunciándole además que se iba a morir, Antón no quería aceptarlo porque no veía causas para esa muerte. Pero tal vez el mismo Virgilio ya había dictado los motivos para ello cuando en una de sus obras escribió: "Solo desde la muerte se puede decir y hacer lo que se quiere".
Un tiempo después falleció el poeta, narrador y dramaturgo cubano Virgilio Piñera, tan teatral como toda su obra. Otro tiempo después, por los años 90, negó el absurdo de su ausencia con la constante aparición suya en todos los escenarios, como otro irónico espectáculo piñeriano. Ayer Virgilio debía cumplir 90 años y un grupo de amigos, aunque para algunos parezca tan absurdo como sus textos, le organizaron un cumpleaños feliz. Como para Virgilio también era una fiesta hablar de la vida y obra de los demás, para Virgilio hubo un primer regalo de dos días conversando sobre la suya. Fue Antón quien abrió la velada recorriendo el laberíntico camino de Piñera y su vivir al margen, Pedro Marqués, sentenció su poética como lúdica y agónica y a Norge Espinosa, le bastó un solo poema para decir sobre la abundancia de homoerotismo, teatralidad y espacio urbano en la obra del homenajeado. Para Virgilio, entre charla y charla, trajo Jorge Ángel Pérez fragmentos de una novela donde el escritor es el gran personaje, y un actor de la compañía El Público teatralizó algunos de sus versos. Enrique Pineda Barnet y Humberto Arenal llegaron al cumpleaños con el documental sobre el estreno de Aire frío, esa pieza que a Piñera le pareció su mejor obra de teatro y que no creo exista alguien capaz de contradecirlo. Contó Humberto, que su primera refe-rencia sobre Virgilio fue catastrófica. Llegó a sus oídos como un ser diabólico durante una tertulia literaria. Luego de conocerlo personalmente, Arenal recibió como regalo Filántropos, más tarde Jesús, y después del estreno de Aire frío lo sintió llorar junto a los aplausos. Para él también se leyeron palabras de Rine Leal. Bárbara Rivero hubiese querido más horas para decir todo lo que seriamente ha estudiado de lo paródico, lo grotesco y lo realista del dramaturgo, y Omar Valiño lo vio teatralmente alzar La isla en peso durante los años 90. Muy sinceras fueron las lecciones que de su tío brindó el músico Juan Piñera. Desde Estados Unidos vino Alberto Sarraín con su experiencia de La caja de zapatos y los riesgos virgilianos en otros parajes. Pancho García, a pesar de la fiesta, no pudo esconder su temor al personaje si de Piñera se trata. Rosario Cárdenas y Marianela Boán comentaron sobre cómo transfiguraron en los 90 al poeta en coreógrafo, y a Raúl Martín le sobraron coincidencias para seguir haciéndole regalos a Virgilio como esa puesta de Los siervos que cerraba cada jornada de la fiesta y un CD promocional que contiene las canciones que Teatro de la Luna ha incluido en los montajes de la dramaturgia piñeriana. Hubo también un sábado del libro, un regalo mayor, un acontecimiento. Esos manuscritos que dejó bajo el cuidado de Antón sumaron inéditas narraciones a sus Cuentos completos, colección que se engrandece con historias como El cubo, Enredos habaneros y La ricura y otras más, halladas, seleccionadas y editadas por Arrufat y Ana María Muñoz Bachs entre los papeles póstumos de Virgilio. El lanzamiento del nuevo volumen rea-lizado por la editora Ateneo del FONCE estuvo lleno de amigos. Reinaldo Montero se encargó de presentar el libro como una literatura coherente a la que ha de acudirse necesariamente y con la voluntad de convivir con la mordacidad, la crueldad y el absurdo de un estilo. Después de agotados los cuentos en el Palacio del Segundo Cabo (sede del Instituto Cubano del Libro), la Fundación Ludwig de Cuba acogió la fiesta, y con un teatral menú criollo, ese que recreó José Milián en Si vas a comer espera por Virgilio, continuaron celebrándose los noventa de Piñera, mientras pasaba un cumpleaños feliz. |
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