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Hospital Pediátrico de Camagüey Noble misión la de salvar niños Enrique Atiénzar Rivero CAMAGÜEY.— La Unidad de Cuidados Intensivos del hospital pediátrico Eduardo Agramonte Piña nació en julio de 1982 y es innegable su influencia en el descenso de la tasa de mortalidad infantil, al extremo que en las dos últimas décadas, 12 403 niños fueron salvados de lo que parecía, por las dolencias y síntomas que presentaban, una muerte segura.
"Desde el punto de vista médico significó mucho, un reto porque era una especialidad de la que no se tenía experiencia. En todos los hospitales se atendía a los niños graves, pero no con equipos modernos y medios diagnósticos existentes en países desarrollados y que aquí veíamos por primera vez", explica la especialista. Considera que el establecimiento de las terapias intensivas pediátricas y, posteriormente, el programa de atención del médico y la enfermera de la familia, son pilares en la reducción de la mortalidad, con resultados más que evidentes. "Aquí luchamos todos los días contra la muerte y los resultados se ven; cómo niños graves, que a veces decimos que únicamente un milagro los salva, vuelven a sus hogares, después de aplicarles de todo: conocimientos, equipos y medicamentos. ¡Eso es un regocijo muy grande para nosotros!" Los familiares de los niños que han transitado por esta Unidad, que ha multiplicado su personal médico, paramédico y de apoyo, conocen el amor que profesa este colectivo al trabajo. No por gusto es frecuente escuchar a una auxiliar general preguntarle a Cecilia: ¿Doctora, usted cree que se salve? El doctor Ramón Renón, primer intensivista que tuvo la Unidad y su jefe, no está entre ellos, murió prematuramente, pero su ejemplo sigue entre ellos. Y como dijo Cecilia: "Si una cosa nosotros tratamos es que el niño grave, no solo se salve, sino que disfrute de la mejor calidad de vida". |
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