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¡A jugar! En estas vacaciones, una recomendación a los padres: el esparcimiento, tanto activo como pasivo, hay que guiarlo, orientarlo y equilibrarlo IRAIDA CALZADILLA RODRÍGUEZ El alboroto de los niños en los barrios es señal infalible de que están en vacaciones. Para algunos vecinos suele ser una pesadilla el correteo por las aceras, el vocerío por una pelota mal lanzada, el canto incontenido de la canción de moda, el tropiezo con un muchacho que, veloz, desea alcanzar al compañero de juegos. Por suerte, la mayoría es comprensiva ante esa avalancha de energía que —¿quién no?; por favor, echar hacia atrás la memoria— se reedita de una a otra generación, en una suerte de experiencia infinita.
¿Y qué quieren hacer los niños en las vacaciones? Oliver dice que jugar al fútbol y a la pelota; Daniela, a la pelota y a las muñecas; Camila, Patricia y Claudia a los yaquis y a los escondidos, aunque a la última también le gusta la Gallinita Ciega; y Mauricio prefiere montar bicicleta y carriola. ¿Pero es que ninguno va a leer?, pregunto mientras ellos hacen un descanso con las bolas, para atender a esta vecina que, aunque les pidió permiso, les está demorando el fin de un campeonato de a seis. Las manitas se alzan y las voces se mezclan. De uno en uno, les pido. Y Oliver, que es de los más impacientes, y Daniela, de las más tímidas, me cuentan que aunque están de receso docente, les encanta leer el Libro de Lecturas, y añade el niño que también las Aventuras de Elpidio Valdés, y ella, hacer ejercicios de Matemáticas, porque de esa asignatura todo lo quiere saber. Claudia prefiere Corazón, porque es el diario de un pequeño. Patricia, a Mamá, Papá y yo, porque enseña sobre el cuerpo humano y sus padres le dan explicaciones. Camila, tiene para este verano Las Aventuras de Guille, Heidi, ¡y hasta El señor de los anillos! Y Mauricio renace ternuras cuando habla de El Principito, porque "me enseña de la amistad y del amor". EL MUNDO EN UN JUEGO Es una maravilla hablar con la Master Olga Franco García, metodóloga inspectora de la Dirección de Formación del Personal Pedagógico, del MINED. Cuando una la escucha, percibe que esta adulta no ha perdido el hilo feliz de la niña que fue: "El juego es una actividad propia de la edad infantil que prevalece por encima de las demás, tanto en la etapa preescolar como escolar."
"Los niños tienen que jugar porque a través de esa actividad satisfacen necesidades, aspiraciones y se adentran en la vida de los adultos. Existen los juegos de roles, de entretenimiento, de movimiento, musicales, de mesa, y didácticos, en una larga lista, y al desarrollarlos, están siendo felices, aprenden, conocen el mundo que los rodea, se relacionan con otras personitas de su edad, aprenden valores, actitudes positivas como esperar su turno, atender las necesidades de otros; todas imprescindibles para su futuro desarrollo y premisas para insertarse en el trabajo organizado y orientar sus vidas." — ¿Por qué es importante un período de vacaciones para los pequeños? "Después de un curso escolar donde han tenido que realizar muchos esfuerzos, cumplir horarios, realizar tareas, levantarse temprano, necesitan reponer energías y fuerzas y, también, para que al iniciarse otro período docente, sus mentes estén más dispuestas al aprendizaje. "Ahora bien, hace falta que la familia contribuya. No se puede dejar al niño todo el tiempo en la calle para que no `moleste' en la casa. Allí nadie lo está viendo, ni orientando, y es preciso que un adulto le guíe, y los primeros en ese empeño, los padres." — Hay niños que prefieren excesivamente juegos activos, y otros, pasivos. ¿Son correctos ambos extremos? ¿Cómo encontrar el punto preciso? "En la educación de las personas debe existir un equilibrio. No se puede mantener todo el tiempo a un niño leyendo, y mucho menos temas que están por encima de su nivel y edad, porque su mente se daña. Como tampoco debe estar hasta las siete de la noche en la calle jugando, porque esa actividad, entonces, ya no constituye una vía de esparcimiento y formación, sino que se vuelve agotamiento. Las tareas de los pequeños necesitan estar bien estructuradas, porque todo en extremo es negativo." — Suelo escuchar personas intolerantes ante juegos bulliciosos, pero inocentes. ¿Qué pasa con ese regaño constante? "Esos adultos olvidaron que una vez fueron niños felices, inquietos, risueños; aunque también hay una gran verdad, nos faltan áreas para que los muchachos jueguen. Hay que ir, entonces, en busca de la comprensión colectiva: familia y comunidad encontrando soluciones para que ellos aprendan de esa manera y, muy importante, logren la socialización a la vez que la independencia.Debemos contribuir a su absoluta realización. "Quiero precisar algo: si cuando más se juega es en la infancia, entonces hay que salvarla, y toca a los adultos no dejarla perder con incomprensiones." — En el juego, ¿tiene el niño cubano alguna característica especial? "Los pequeños de todos los países juegan a casi lo mismo, diferenciándose cada manifestación prácticamente en la denominación que se le da. No hay niña que no haya sido madre, o niño, padre, y hoy día se le agrega que son médicos, maestros, bodegueros, cosmonautas, porque juegan a todo. El mundo les proporciona muchas vivencias, y la literatura, los paseos, la música, la vida, hacen sus entretenimientos más enriquecedores y valiosos." SEIS EN FAMILIA Vuelvo a mis seis "mosqueteros". Ahora quiero saber si los regañan cuando no hacen rápido lo que dicen mamá y papá. Ellos me devuelven una sonrisa pícara, porque aunque saben que son el tesoro de sus casas, también es verdad que de vez en cuando desobedecen. Claudia: "Cuando juego mucho, mi mamá me llama para que suba a la casa porque se hace tarde". Daniela: "Si dejo los juguetes regados me regañan". Camila: "A mi mamá le gusta que yo lea porque ella lee cantidad. También juega parchís y colorea conmigo". Oliver: "Cuando termino de jugar, leo La Edad de Oro, pero a veces no me porto bien". Patricia: "No me pelean, y mis padres leen y juegan conmigo". Mauricio: "Mi mamá me dice que recoja los juguetes, porque no puedo ser desorganizado. Ella me compra muchos libros, y a mí me gustan los versos de Martí, porque dicen palabras muy bonitas". |
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