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29/07/2002
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José María Martínez Tamayo

Sensibilidad y audacia de un extraordinario combatiente

PEDRO A. GARCÍA

Durante años, desarrolló una activa labor internacionalista con los movimientos de liberación nacional de América Latina y África, que nunca fue detectada por la CIA. Solo esta supo, a mediados de 1966, y gracias a un desertor de la guerrilla boliviana, que era cubano, le llamaban Ricardo y "parecía tan fuerte como un toro".

"Papi", en la Sierra Maestra y el II Frente; "Mbili, Chinchu", en tierras africanas; "Ricardo", en el altiplano boliviano.

Los sesudos de Langley lo describían como "el más fuerte de todos" entre los compañeros del Che. Según sus archivos, Ricardo medía aproximadamente cinco pies nueve pulgadas y tenía "la nariz recta, cejas gruesas, piel aceitunada, fuertes brazos y piernas, manos grandes". Le calculaban poco más de 30 años de edad. Y añadían el siguiente dato: "No fuma".

Años después, supieron que se trataba del capitán José María Martínez Tamayo, el legendario Papi del II Frente Oriental Frank País. Pudieron identificarlo como aquel que había acompañado a Turcios Lima y Yon Sosa a Guatemala en 1962, y a Jorge Ricardo Masseti a Argentina en 1964; como el que combatió al lado del Che en el Congo en 1965 bajo el sobrenombre de Mbili (o Chinchu). La misma persona que participó, junto con los hermanos Coco e Inti Peredo, en la organización de la base de apoyo de la guerrilla boliviana.

SENSIBILIDAD EXTREMA

Había nacido en Mayarí, hoy provincia de Holguín, el 31 de marzo de 1936. Era el mayor de los cuatro hijos de José Ramón y Lucía. Cuentan que el abuelo, de buena posición económica, quería que jugara solo con los niños de su clase, pero José María prefería compartir aventuras con los hijos de los campesinos pobres y de los jornaleros haitianos y jamaicanos.

Quienes le conocieron hablan de su fuerza física poco común. "Estaba siempre en contacto con la naturaleza —ha testimoniado la madre—; vivía montando a caballo, bañándose en los ríos, pescando. Le gustaba cazar, explorar los bosques y las montañas de la zona". Era de inteligencia despierta, pero solo pudo asistir hasta el cuarto grado en la escuela.

Cuando su hermana más pequeña enfermó y hubo que traerla a La Habana, el niño José María le dio todos sus ahorros (unos cuatro pesos) a la madre. Ella recordaría años después: "Apenado, me dice que creía que era más, pero que va a vender todo lo que tiene (unos pollitos que criaba) para que su hermana y yo no pasáramos trabajo. Pues bien, durante el tiempo que estuvimos por acá, todos los meses mandaba uno o dos pesos, que era todo lo que podía reunir".

A mediados de los años 50, Papi aprendió el manejo de los tractores y aró tierras y trabajó en el tiro de caña en un central holguinero. En cuanto supo que Fidel luchaba en las montañas contra la tiranía batistiana, colgó un cartel en su máquina ("Me voy para la Sierra, Libertad o Muerte", decía) y se fue con su fusil a incorporarse al Ejército Rebelde.

Formó parte de la columna 17 en el II Frente. Sus compañeros suelen hablar de la vez que un rebelde perdió el conocimiento, en medio de un combate, por la explosión de una granada. Bajo una fuerte balacera, Papi lo llevó a lugar seguro, arrastrándolo por el cinturón.

En opinión de Víctor Dreke, quien estuvo con José María en el Congo, "tenía dominio de la lucha guerrillera y clandestina. Su serenidad la probó en múltiples situaciones difíciles y riesgosas. Se preocupaba mucho por sus compañeros, por quienes más de una vez arriesgó su vida". Y gusta poner de ejemplo el combate de la carretera a Front de Force, cuando Mbili mantuvo a raya a los guardias al cubrirle la retirada al ejército revolucionario congolés.

Leonardo Tamayo, quien combatió junto con José María en la guerrilla boliviana, afirma: "He participado en muchos combates al lado de cientos de compañeros, pero de la estirpe de Ricardo no he visto otro. Era de los hombres que había que aguantar para que no saliera de su posición y avanzara hacia el enemigo".

"Olía la pólvora y ya estaba tirando; era intrépido y también de corazón noble, desprendido de todo bien material. Pasó la caminata inicial cargando un par de botas y cuando el primer compañero quedó descalzo, se las dio."

UN EXTRAORDINARIO COMBATIENTE

El 30 de julio de 1967, el Che y sus compañeros entablaron combate con los guardias bolivianos en las márgenes del río Rosita. Bajo un intenso tiroteo, José María Martínez Tamayo fue herido. Se organizó una línea de fuego y varios guerrilleros se lanzaron a rescatarlo. El revolucionario boliviano Raúl Quispeya (Raúl) recibió un tiro en el rostro que le causó la muerte.

Alberto Fernández Montes de Oca (Pacho), aún herido, logró silenciar la ametralladora enemiga que los hostigaba. El Che escribió en su Diario: "Ricardo estaba muy grave y el último plasma se había perdido en la mochila de Willy. A las 22 murió Ricardo y lo enterramos cerca del río en un lugar bien oculto, para que no lo localicen los guardias". El Guerrillero Heroico lo calificaría "como un extraordinario combatiente (...) Es una pérdida sensible por su calidad".

El revolucionario boliviano Inti Peredo escribiría tiempo después: "Ricardo o Papi, como cariñosamente lo llamábamos todos, fue el hombre que tuvo el peso de la preparación previa de la guerrilla. Querido por los compañeros bolivianos, respetado por los cubanos y peruanos que estaban combatiendo allí, no podíamos abandonarlo en un momento tan doloroso. Por eso, porque la guerrilla desarrolla hondamente los sentimientos fraternales entre los hombres, hubo actos de arrojo tan maravillosos para salvarlo".

29/07/2002

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