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Más escándalos judiciales
en los MIGUEL ÁNGEL UNTORIA No transcurre mucho tiempo en los Estados Unidos sin que la prensa escrita, la radio o la televisión destaquen una información que por su contenido, en cualquier parte del mundo puede calificarse como un verdadero escándalo. En ocasiones esos hechos son producto de los errores y de las grandes injusticias del sistema judicial estadounidense, que no solo ha encarcelado a decenas de inocentes, sino que muchos de ellos incluso han sido ejecutados.
En otro caso, un condenado a muerte, por suerte para él, no puede ser ejecutado por dificultades burocráticas, o aquel que fue condenado a muerte durante un juicio en el que su abogado se quedó dormido en 10 ocasiones durante los seis días que duró la vista. Marvin Lamont Anderson, permaneció 15 años en prisión porque un jurado de Virginia, integrado solo por blancos, siendo él negro, lo condenó a 210 años de prisión por un supuesto delito de violación que ocurrió en 1982. El resultado de la prueba del ADN no solo demostró que no fue el autor del hecho, sino que evidenció similitudes con el de otros dos hombres condenados por delitos análogos. Pero la ley del estado de Virginia no permite celebrar un nuevo proceso, y en este caso, Anderson solo puede aspirar a ser "perdonado" por el gobernador por un crimen que no cometió. En otra ocasión, un jurado popular condenó a muerte a Bruce Morris, al considerarlo culpable de haber asesinado en 1987 a un vendedor. La información que recibió el jurado fue cambiada por error y afortunadamente para Morris, esto sirvió para que el proceso fuese anulado, y por ahora, mientras espera por uno nuevo, el acusado no puede ser ejecutado. En un tercer caso, aunque la Corte Suprema de Estados Unidos revocó la sentencia de pena de muerte a Calvin Jerold Burdine, de 48 años, por considerar que el reo no tuvo un juicio justo, las autoridades del estado de Texas, que quieren eliminarlo, decidieron juzgarlo nuevamente. Hay otros que se resuelven con reducciones de condenas a los criminales, después de simples compromisos entre acusadores y acusados, para que los segundos delaten a terceras personas. También, la justicia y los acusados se ponen de acuerdo y pagan multas millonarias para borrar los "pecados". Todavía no han desaparecido los ecos del Enrongate, que incluso tiene pendiente la investigación de un numeroso grupo de funcionarios de la actual administración, solicitada por el Congreso, cuando un nuevo escándalo sale a relucir. Ahora se trata de una gigantesca investigación a 12 de las principales firmas de Wall Street, para determinar por separado los conflictos en los informes de esas empresas, después que entre la firma Merril Lynch y la justicia de Nueva York llegaran a un acuerdo financiero. Algo muy grande y sucio debe haber ocurrido, cuando la Merril Lynch, acordó pagar una multa de 100 millones de dólares, después que el Procurador General del estado de Nueva York acusó a la empresa de divulgar informes engañosos con el objetivo de ganar negocios de banca de inversión. La profesionalidad y la ética personal de algunos de los jueces en Estados Unidos deja mucho que desear. Como el ejemplo más reciente tenemos la designación de Raul García Cantero Batista, nieto del ex dictador cubano, para la Corte Suprema de La Florida, cuando es conocido por todos que en 1989 participó activamente junto al gobernador Jeb Bush en la campaña para la liberación del architerrorista Orlando Bosch. Es decir, hay jueces que están comprometidos de antemano y saben también de antemano a favor o en contra de quién tienen que fallar. |
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