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Primer año de historia de un recinto emblemático Ventura de Jesús CÁRDENAS.— Nadie desperdicia la ocasión de visitar el Museo a la Batalla de Ideas. Muchos de los viajeros que llegan a Matanzas, se las agencian para conocer esta instalación y apreciar con sus propios ojos un edificio que promueve ideas.
Su apertura el 14 de julio del 2001, sacó del anonimato al viejo inmueble, y al cabo de un año es algo más que museo, pues se ha convertido en verdadero promotor de Historia y Cultura. "Todo aquí es nuevo, atesoramos muy pocas piezas que rebasen los 50 años", comenta Elena Acosta Cuéllar, jefa del Departamento de Relaciones Públicas y Animación Cultural en el recinto. "Su mayor virtud, añade, es que viene a ser como el emblema de la Batalla de Ideas, porque expone a través de la historia, las razones que nos hacen ser como somos, y queda claro que esta batalla no es nada nuevo, sino tan añeja como nuestra propia historia". La institución ha sido visitada ya por unas 50 500 personas, incluidas alrededor de 4 000 provenientes de 25 naciones. Despierta un gran afecto sobre todo en los niños, quienes encuentran allí un mundo de curiosidad, especialmente en la sala de computación, muy vinculada a los círculos de interés. En breve tiempo la instalación ha servido de sede a no pocos eventos, talleres, conferencias magistrales, homenajes, conciertos de artistas del patio, y otras citas de carácter patriótico, cultural y científico. "Tenemos el privilegio de que todo el mundo piense en el Museo", confiesa Elena. Sus cinco salas de exposición permanente muestran al visitante el quehacer del pueblo cubano por alcanzar una cultura general integral. Suscitan especial atracción los objetos pertenecientes a los Cinco compatriotas condenados injustamente en Estados Unidos. Cuenta Elena que el museo tiene vínculos muy estrechos con los familiares de los prisioneros políticos cubanos. Para el colectivo de esta institución resultó un acontecimiento de excepción el Festival de Papalotes, que logró vínculos muy fraternos entre un niño cardenense y los compatriotas encarcelados. Ernesto Barrios Collazo, pionero de la escuela Marcelo Salado, recibió de puño y letra cartas de Antonio, René y Fernando, quienes respondieron a la idea original del menor de solidarizarse con ellos a través de un papalote inusual. Una trabajadora del Museo, Luisa María Díaz, confiesa orgullosa haber recibido respuesta de nuestros compatriotas desde su encierro.
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