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30/06/2002
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Documenta también pinta cubano

Dos artistas de la Isla siguen la huella de Lam en el que quizá sea el más innovador foro de las artes plásticas

VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

Documenta es sinónimo de innovación. Posiblemente no haya otro espacio de reunión en el universo de las artes plásticas que goce de una reputación tan avant-garde —discutida, polémica, negada por algunos, pero en la que muchos, hasta los detractores, quisieran estar— como esta megaexposición que se realiza en la ciudad alemana de Kassel.

Dos artistas cubanos, Tania Bruguera y Carlos Garaicoa, han pasado por la exigente y rigurosa criba del equipo de curaduría encabezado esta vez por el nigeriano Okwui Enwezer, uno de los gurúes del arte contemporáneo, notable por su lenguaje crítico del eurocentrismo y la dictadura del mercado del arte.

Tania Bruguera se ha destacado en nuestro medio por sus performances.

Documenta 11 mantiene el foco de atención de estos días en el panorama plástico internacional por tratarse de un evento que durante cien días reúne 450 obras de 118 artistas de todas las áreas geográficas.

Desde que en 1955 se convocó la primera Documenta siempre ha sido así. Arnold Bode, un artista de Kassel, sacó chispas con la exhibición, en plena Guerra Fría, del arte prohibido por los nazis y todavía no muy bien aceptado en el occidente alemán de la postguerra. Los sucesivos curadores le han dado un toque distintivo en cuanto a prospecciones temáticas y aventuras formales que han ido del conceptualismo al minimalismo, de la crisis de la modernidad a los discursos alternativos. Cabe recordar que el primer cubano en establecer cátedra en las Documenta fue nada menos que Wifredo Lam, seleccionado para exponer en la segunda (1959) y la tercera edición (1964).

Esta vez Enwezer ha hecho énfasis en lo que llama una muestra global y multigeneracional. La sección de arte de The New York Times levantó la bandera de la crítica por considerar la selección del nigeriano demasiado aséptica, aunque en el caso de uno de los cubanos, Garaicoa, lo ubica entre los más llamativos exponentes de una "arquitectura utópica", al mismo nivel del alemán Isa Genzken y el congolés Bodys Isek Kingelez; uno con sus torres alucinantes y otro con fantasías lúdicras nacidas de su visión de Nueva York.

Garaicoa, a los 35 años, llega a Kassel en medio de una vertiginosa carrera en Cuba y en el extranjero que lo afirmó, primero, como uno de los artistas que le dio un vuelco a la fotografía cubana de los 90 y, luego, como experimentador conceptual sobre los espacios en los que el hombre de hoy habita y su relación con el pasado. Ese diálogo entre lo que vendrá, significado por la utilización de técnicas digitales, y lo que fue, los vestigios de la arquitectura habanera, alimenta en Kassel una obra madura, pero inquietante.

En el caso de Tania Bruguera, una habanera de 34 años que desarrolla su trabajo tanto en la capital cubana como en Chicago, los curadores tomaron en cuenta una trayectoria sólida en las artes performánticas. En el catálogo de Documenta 11 se hace énfasis en el ingenio y la profundidad con que concibió in situ una instalación de referencias históricas ineludibles en un entorno donde no se puede borrar la memoria de los graves acontecimientos del siglo pasado y su repercusión en las evidencias y los silencios artísticos.

América Latina está representada, además, por los chilenos Gastón Acelovic y Alfredo Jacar, el uruguayo Luis Camnitzer, el argentino Víctor Groppert y Fabián Marcaccio, el mexicano Gabriel Orozco, el brasileño Cildo Meireles y la colombiana Doris Salcedo.

30/06/2002

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