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Médicos cubanos en Guatemala Páginas de La Tinta Texto y foto: Juan Morales Agüero LA TINTA, Guatemala.— El departamento guatemalteco de Alta Verapaz es una curiosa paradoja en cuestiones de temperatura. Si en la bonita ciudad de Cobán se apresura uno a refugiarse en el abrigo para burlar los embates del frío, un centenar de kilómetros más allá, en el distrito de Polochic, el astro Rey se las arregla para hacer sudar a mares. Por esta zona indígena y
pobre se dio macabro banquete el huracán Mitch en 1989. Jornadas
después, ya estaba allí en menesteres de ayuda humanitaria una brigada
médica cubana. En 48 horas sus integrantes pusieron de alta el hospital
de La LA TINTA Y EL TINTERO "El centro dispone de 40 camas", dice la doctora habanera Caridad Torres, quien coordina el trabajo del tercer colectivo criollo que pasa por el referido territorio. "Hacemos prácticamente de todo y a cualquier hora: ortopedia, cirugía, ginecobstetricia, medicina... Por nuestras consultas pasan todos los días más de 100 personas. La mayoría por enfermedades diarreicas agudas, parasitismo, trastornos respiratorios...". Nuestros compatriotas destacados en el hospital centroamericano suman 12. Hay una enfermera, un técnico de laboratorio, uno de rayos X, anestesista, pediatra, obstetra, cirujano, técnica en estadísticas y cuatro especialistas en Medicina General Integral. Otros tres médicos atienden las comunidades adyacentes, muchas de las cuales quedan en lo alto de las montañas, a ocho horas de camino. Hay que ver cómo los doctores Osmany, Carlos y Marcelino consultan y prescriben a los indígenas en sus propios dialectos del tronco maya, incluyendo el quiché, en el que está escrito el legendario Popol Vuh, libro sagrado amerindio. "Antes nuestros patojos y nuestros pelones morían si enfermaban y no teníamos pisto para llevarlos al médico", asegura la indígena Filomena Yoseli refiriéndose a los recién nacidos, a los mayorcitos y a la falta de dinero. "Con los cubanos es diferente. Ellos no nos cobran nada. Podemos contarles nuestras malezas y siempre nos atienden con mucho respeto". NÚMEROS Y JUICIOS Por Adelis Santo-Suárez Jiménez, una nostálgica especialista en estadísticas natural de Santa Clara, entramos en contacto con algunas cifras. Veamos: en el municipio de Polochic —compuesto por los distritos de La Tinta, Tucurú, Telemán, Panzós y Senahú— nuestra gente consiguió en el 2001 reducir la mortalidad infantil a 19,39 por cada mil parvulitos nacidos vivos, resultado que mejora con respecto al año 2000. La muerte materna descendió ostensiblemente de 262,9 a 110,35 por cada 10 millares de paridas en iguales etapas. Y en los últimos 12 meses fueron salvadas 1 070 personas, tanto por urgencias médicas como por acciones quirúrgicas. "Estamos muy satisfechos con la labor que desempeña aquí el personal médico cubano" —asegura el doctor Hugo Hernández Espino, director guatemalteco del hospital de La Tinta. "Son muy competentes y tienen una capacidad de trabajo enorme. Han revolucionado los servicios que prestamos". Hasta la llegada de nuestro contingente al hospital de La Tinta solo existía allí una opción de emergencia y eran los propios enfermeros profesionales de la institución quienes ofrecían las consultas. Los servicios de laboratorio y de rayos X brillaban por su ausencia. No había actividad quirúrgica ni se practicaban cesáreas. La mayoría de los casos se remitía al hospital regional de Cobán. Pero al llegar los cubanos... "En mi carrera profesional nunca había operado tanto y tan seguido" —asegura el doctor José Luis Nápoles, un cirujano oriundo de Bayamo, con más de un año en la zona. "¡He visto cada cosa!... Todos los días aprendo algo nuevo. La misión es también una gran facultad de Medicina. Regresaré a Cuba mucho más experimentado". Lo mismo dice el doctor capitalino Orlando Lescay, quien recorre las montañas de Tucurú para realizar consultas ambulatorias en comunidades indígenas. BOTONES DE MUESTRA En un breve recorrido por las salas del hospital soy testigo de situaciones interesantísimas. La nena Heidi, de cuatro meses de nacida, ingresó hace un par de días por bronconeumonía. Ya está casi restablecida y su madrecita lo agradece al doctor Jorge Luis, uno de esos cubanos que no está ni un minuto sin gastar una broma. Algo más allá guarda reposo Rosario, de 23 años de edad. La trajeron a toda carrera porque se estaba muriendo. Había parido 17 horas atrás y aún conservaba en su interior restos placentarios. Una comadrona nativa le había asegurado que se trataba de un parto gemelar. El doctor Carlos Moya prácticamente la salvó de una de muerte segura. Los colaboradores médicos cubanos en La Tinta han convertido en cotidiano lo extraordinario. El médico de Placetas Carlos Hernández, por ejemplo, donó su propia sangre para salvar a una parturienta en apuros. Pero a ninguno le interesa demasiado la publicidad ni nadie se cree protagonista de una hazaña, son sencillamente: Caridad, Leticia, Aida, Anabel, Adelis, Jorge Luis, los dos Carlos, Nápoles, Marcelino, Osmany... Ellos cayeron sobre La Tinta como una suerte de Mitch benigno. Ráfagas de solidaridad y vientos de altruismo levantaron en vilo allí a un pueblo vapuleado por la ira de la naturaleza. Con tinta imborrable inscriben en La Tinta guatemalteca el nombre de Cuba. |
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