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28/06/2002
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Profecías

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

El fascinante estilo literario de Oswald Spengler y una desgarrada Europa tras la Primera Guerra Mundial hicieron que los dos tomos de su libro La decadencia de occidente (1919-22) tuvieran un enorme éxito no solo en su Alemania natal, sino en diversas partes del mundo.

A grandes rasgos, allí se afirmaba que la historia era similar a un devenir biológico (gestación, nacimiento, desarrollo y muerte), proceso cultural mediante el cual la civilización moderna y la capacidad de los hombres para entenderse terminaban y en su lugar aparecería una nueva época denominada por él como cesarismo.

Mentes lúcidas no tardaron en salirle al paso a la denominada teoría de la Kultur y tacharon a Spengler de reaccionario y diletante.

En buena medida lo era, pero hay un mérito que no se le puede negar: Estuvo entre los primeros en tocar trompetas anunciando la ascensión del fascismo al poder mediante las llamadas vías democráticas.

Spengler le colocó una rica teoría a Hitler en bandeja de plata y este no tardó en devorarla. Y si bien es cierto que en los primeros tiempos del nazismo simpatizó con ellos, no tardó en apartarse y denostar. Los lectores vieron salir entonces de su pluma decenas de escritos ironizando contra el Führer, los nazis y su escasa inteligencia.

Nacido en 1880, Spengler falleció en 1936 y no pudo ver lo"mejor" de lo que el nuevo César pronosticado por él guardaba en la carpeta.

Entre los escritos irónicos del filósofo e historiador contra las medidas del nazismo no faltaron algunas reflexiones en torno a la supresión en Alemania del expresionismo, tanto en pintura como en su corriente estética ligada al cine.

La angustia, el terror y el desdoblamiento eran las temáticas predominantes de aquel expresionismo que dio a la historia del cine monumentos tales como El gabinete del doctor Caligari (1919), de Robert Wiene, Nosferatu, el vampiro (1922), de Murnau y Metrópolis (1926) de Fritz Lang. El ambiente claustrofóbico de estos filmes se conseguía mediante una iluminación muy marcada, formada por haces de luz y estudiadas sombras.

Amante de la luminosidad excelsa para exponer bajo ella las linduras de su raza, aire libre y sol que permitiera exhibir los dones de un ejército superior y llamado a dominar el mundo, el cesarismo hitleriano prohibió de un manotazo el expresionismo y lo consideró"arte degenerado".

Eso sí, los artistas que quisieran bañarse con la luz de los nuevos tiempos, días de heroicidad y de salvación de la humanidad, podían refugiarse bajo el manto protector del nazismo y desde allí trabajar en favor de los postulados de la naciente estética purificadora.

Nos hemos olvidado que su Vampiro de Dusseldorf es un ataque a nuestra ideología y queremos de usted una repuesta fílmica a las películas soviéticas —le pide Goebbels, ministro de"ilustración", a Fritz Lang.

Mi abuela es judía —responde el gran director.

Eso tiene solución.

Muy bien, espérenme —asegura Lang y esa misma noche toma un tren rumbo a París y desaparece.

Otros se quedaron y ayudaron con sus filmes belicistas y patrioteros a conformar un falso estado de conciencia en la población, en cuanto al papel rector que con relación al mundo le tocaba jugar a la Alemania nazi.

La teoría de Oswald Spengler era irracional y no hay Dios que la defienda.

Piénsese entonces, ante las últimas películas de guerra producidas hoy en la Meca del cine al conjuro de ciertas peticiones que subrayan"el bien de la patria", películas de aliento cesarista, que al menos algo de tremebunda videncia había en aquellas profecías.

28/06/2002

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